Vida laboral, personal y profesional

POR Alejandro Urman E Ingrid Urman

¿Está mal trabajar muchas horas si es lo que nos apasiona? ¿Es un vago aquel que trabaja pocas horas por semana? Las nuevas tecnologías, ¿son las responsables de la invasión de la vida laboral sobre la personal? Aquí algunas reflexiones.

Sentís que tu cerebro estalla, que las semanas pasan sin registro y que perdiste el rumbo de tu vida personal? Este artículo busca reflexionar sobre el balance entre desarrollo profesional, crecimiento laboral y vida personal. 8 horas durmiendo, 8 horas trabajando, 2 horas viajando, 2 horas comiendo… ¿Cuánto tiempo te queda para vos?

Sol, empleada en una empresa multinacional, comenta: “Cada diciembre, en mi trabajo, me entregan dos agendas: una de escritorio y otra portátil. La segunda es aproximadamente un sexto del tamaño de la anterior. Sin ni siquiera dudarlo, dejo la grande en mi escritorio y la chica la llevo en mi cartera; y así transcurre el año. La agenda más grande es mi vida laboral y la chica mi vida personal”. En la empresa de Sol se sabe que aquel que entra a la compañía tendrá que trabajar largas horas. Muchas veces, los empleados se quedan allí hasta después de que el jefe se va.

Las horas extra en el trabajo (horas que no siempre son remuneradas) pueden ser asociadas a diversos factores: la cultura empresarial, falta de planificación o precaria gestión de recursos humanos. Sin embargo, muchas veces se encubre bajo la excusa de la “pasión por el trabajo”.

¿Vos por qué trabajas?

a. Para ganar dinero b. Para desarrollarme c. Para escaparme de mis conflictos personales d. Todas las anteriores e. Otra Si marcaste algunos de estos casos, este artículo es para vos. (Incluso en la respuesta e.)

¿Workaholics? He aquí una situación cada vez más habitual, publicada en el libro “Tribes” de Seth Goldin

“Son las 4 AM. No me puedo dormir. Voy al lobby del hotel en Jamaica para chequear mis mails. Una pareja cerca mío va para su habitación. La mujer me mira y dice en un susurro áspero, al que parece ser su marido: ‘¿No es triste? Este hombre vino acá de vacaciones y está chequeando sus e-mails. No puede ni siquiera disfrutar de sus semanas de descanso’. El autor canta re-truco y hace la siguiente pregunta: ‘¿No es triste tener un trabajo en el cual dos semanas evitamos las cosas que tenemos que hacer 50 semanas al año?’. La porosidad en las relaciones laborales es un hecho. La tecnología, las nuevas formas laborales y el contexto llevan a veces a no distinguir qué es tiempo libre y qué es trabajo.

¿Pero tanto apasiona el trabajo como para que algunas personas elijan estar con tu laptop respondiendo mails en lugar de disfrutar de sus vacaciones? Al escribir este artículo, consultamos por Facebook acerca del balance entre la vida laboral, profesional y personal. Alguien respondió: “El equilibrio se encuentra entre las cosas que te hacen bien, no entre el trabajo y la vida personal...es sutil la diferencia pero le quita al trabajo una connotación negativa... :-)". Con esta respuesta está claro que la porosidad entre las relaciones laborales y la vida personal es un hecho. Si dejo de trabajar me deprimo… No la paso bien en mi tiempo libre. ¿Qué hago si no trabajo?

La otra cara (“No quiero ser un yuppie con plata”) Todo el mundo no necesita trabajar las 24 horas del día para ser feliz. Existe gente que trabaja apenas 20 o 30 horas por semana y está contenta con eso. Juan José es psicólogo y sólo se desempeña laboralmente dos días a la semana. No cobra mucho, pero le alcanza para vivir. Dice que no necesita más. “Para mí es importante subsistir, con eso estoy hecho. Y tengo mucho tiempo libre, para salir a correr, ir al gimnasio o para capacitarme y ser un mejor profesional”. En este sentido, él advierte que su desafío personal es ser el mejor psicólogo posible con los pacientes que tiene. “Si tuviera que estar ocho horas todos los días escuchando gente, terminaría odiando a mis pacientes y a mi profesión”, dice. Juan José no tiene hijos que mantener. Eso es una ventaja para él. Pero también se priva de otras aspiraciones materiales como un auto, viajes lujosos u otros. Sabe que si trabaja demasiado no podrá ser feliz y que lo material no suplirá sus carencias espirituales.

Otro caso similar es el de Guillermo, de 40 años. Se recibió de sociólogo con un promedio brillante y hoy trabaja en una dependencia pública. Algunos de sus ex compañeros lo ven un poco estancado en su crecimiento profesional y cada tanto le ofrecen algunas changas que le permitirían maximizar sus ingresos y seguir mejorando profesionalmente; pero el las rechaza. “Para mí hoy lo más importante es ver crecer a mis hijos. No veo la vida como una escalera en la que hay que ascender todo el tiempo. Mi laburo me gusta, aunque no me apasiona. Pero lo importante es que no soy un esclavo: trabajo 24 horas semanales y con eso vivimos todos”, explica.

En los casos de Guillermo y Juan José, el hecho de trabajar poco está relacionado directamente con que ellos priorizan su vida personal por sobre la laboral. Pero en ciertas circunstancias, trabajar poco (o mejor dicho producir poco) está íntimamente relacionado con la posibilidad de ser efectivos en lo que hacen. En los trabajos vinculados con el arte, el periodismo, la literatura, la educación, entre otras, el tiempo libre es fundamental para el proceso creativo. Cuando un periodista lee el diario, ¿se puede decir que está trabajando? Ir a un curso de capacitación, ¿debe ser incluido dentro del trabajo de un maestro apasionado por su tarea? Hacerse un café, poner música suave y relajar los músculos, ¿puede ser comprendido dentro de las horas laborales de un artista que necesita esas condiciones para generar su arte?

La delgada línea roja Las relaciones son porosas, ya poca gente deja los temas del trabajo cuando sale de la oficina. Ahora los lleva en la blackberry, en su ipod o en su laptop. Veamos entonces algunas situaciones conflictivas:

• Tenés un día extra de vacaciones por el atraso de un vuelo. ¿Deberías conectarte a Internet para trabajar si es que contás con una notebook? • Un sábado a la noche estás conectado a algún MSN. Llega un mail de tu jefe de un tema que te apasiona. ¿Se lo respondés? ¿Preparás la repuesta y la guardás? • Hoy contamos con teléfonos celulares con más y mejores tecnologías. ¿Cómo va avanzando sobre nuestra vida privada? • ¿No deberían tener los empleadores la responsabilidad de cuidar la vida personal de sus empleados? ¿Estaría mal echarlos de la oficina después de su jornada laboral? Así como se controla el horario de entrada al trabajo, ¿Se debería controlar también el de salida?

La importancia del balance En la era de la tecnología y la automatización, probablemente el valor agregado más importante que una persona puede brindar en su trabajo (sea autónomo o en relación de dependencia) son sus ideas. Pero, ¿cuándo puede aportar mejores ideas una persona? ¿Cuando está agobiada, estresada y a mil por hora?

Creemos que el mayor estado de creatividad se da cuando alguien tiene tiempo para liberar su mente, generar un vacío y dejar fluir pensamientos. En el caso de Juan José, esos momentos suelen ser el gimnasio, la ducha, una charla con amigos o algún viaje. El valor del trabajo está dado por los pensamientos y acciones que una persona genera. Por eso es importante darse un espacio para relajarse, capacitarse y pensar…Tal como propone el título del artículo, la vida laboral requiere un balance con la vida personal. Muchas personas que están desocupadas terminan –en su sufrimiento o aburrimiento- adquiriendo enfermedades psíquicas o físicas; trabajar en exceso o trabajar sin horarios claros también puede generar problemas.

Los desarrollos tecnológicos hacen que la vida laboral y personal estén mezcladas por herramientas como el celular, la notebook, entre otras. Es importante estar atentos: si no podemos dejar de trabajar, probablemente se esté tapando cierta enfermedad de base como alguna adicción (workaholics) o incluso depresiones encubiertas.

Estas patologías parecen ser una circunstancia de época; tal vez la contracara de los beneficios de los desarrollos tecnológicos y de la era de las redes. Pero también, son la consecuencia negativa de algunos mandatos mal entendidos de culto al trabajo, que posiblemente sea conveniente repensar.

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