Te paso mi msn

POR ALEJANDRO URMAN

El Chat, y especialmente el MSN, revolucionó la forma de comunicarnos. Hoy es lo mismo hablar por ese medio con un compañero de trabajo o con un amigo de otro continente. ¿Hasta que punto el chat afecta nuestra personalidad? ¿Realmente nos permite comunicarnos mejor? ¿O en realidad empobrece nuestro intercambio con otros?

Princesa Leia, Proud citizen of rupture, León el simulador, Inmortal Colo… No son personajes de película, son los nicks (apodos) que usan algunos de mis contactos de MSN. El Chat nos permite renombrarnos, jugar a que somos otros o tener un alias. Por medio del nick podemos mostrar nuestro estado de ánimo o contar las últimas novedades. Así informamos al mundo con el que interactuamos en el ciberespacio cosas íntimas de manera trivial. La gran ventaja de los sistemas de mensajería instantánea es la velocidad de comunicación, sea con Noruega como con el vecino de enfrente. Cuando en 1970 aparecieron estas aplicaciones en computadoras en red, sus creadores no imaginaron el impacto que tendrían en nuestra vida cotidiana. Desde el célebre ICQ, en los 90, al MSN que ostenta la gigantesca Microsoft, el fenómeno crece y no se agota.

Me conecto para ver si está. No está. ¿No está de verdad o se puso “no conectado” para no hablarme? ¿No está o se puso invisible para poder hablar con otros y no conmigo? Ahí se conectó…No me habla, quizás no me vio, me conecto y me desconecto. A ver si me ve… ay no me habla… lo vuelvo a hacer… otra vez. Está “ausente”. Quizás no está en la compu… ¿O está y no me habla? A ver qué se puso en la frase. ¿Será una indirecta para mí?… ¿o será para otra?¡Ah! ¡Me voy a poner una frase para que vea que estoy re-feliz! No, no, mejor una para que piense que estoy con otro… pero…¿y si justo pensaba hablarme y como piensa que estoy con otro no me habla más? Me pongo algo que se puede interpretar de muchas maneras… ya está “Qué lindo es el amor”. Ay ,¿En qué estado me pongo? Me pongo “ocupada” para que vea que estoy con mil cosas y que ni vi que se conectó, que ni vi su frasecita… O mejor, me pongo “Conectada”, así ve que estoy pero no le hablo. Me voy a la facultad y lo dejo conectado para ver si en algún momento se le ocurre hablarme.

Me gusta cuando callas porque estas como… (Ausente)

Vivimos en una época que algunos psicólogos denominan de “identificaciones lábiles”: nuestra identidad se resignifica con los múltiples roles que cumplimos diariamente, favorecido por nuevas tecnologías cambiantes y dinámicas. Esto se traslada a los vínculos, que pasan de ser estables a efímeros y superficiales. Los diferentes “estados” del MSN muestran también distintas maneras de relacionarnos:

(Conectado): el más claro y llano. Informa que estoy disponible. Pueden saludarme y voy a responder, empezar, conversar y terminar la comunicación.

(No disponible), (Al teléfono), (Salí a comer), (Ausente), (Vuelvo en seguida): aquí comienzan los problemas. Muchos suelen ponerse “ausente” -aunque sí estén- sólo para no ser molestados o para no hablar con ciertas personas. No es lo mismo que la mentira del “Decile que no estoy”, donde se necesita otro humano para sostener el engaño y transmitir una información no certera. En el MSN se puede saludar a alguien y que el otro no conteste, pero sin que haya un humano que responda. Puede ser que no esté, o que esté chateando con otro o bañándose.

Incorporamos a nuestra comunicación por Chat que cuando nos saludan podemos no responder, lo cual des-humaniza nuestra manera de vincularnos. Cuando somos chicos nos dicen que el saludo no se le niega a nadie. Y aunque parezca una costumbre impuesta por nuestras abuelas tiene un motivo: el saludo, nos humaniza; como seres humanos debemos interactuar y ser reconocidos por un otro. Esto no es así en la época del MSN. Un mal uso lleva a este tipo de prácticas deshumanizantes y desestructurantes del psiquismo que pueden generar fuertes dosis de angustia.

(No conectado): permite ver a la gente conectada sin ser visto, brinda una sensación de poder y control de la situación. La gente refiere a este estado muchas veces como el más “cómodo”.

Extraña compañía Cinco situaciones ilustran diferentes problemáticas cotidianas que se dan a partir del uso del MSN.

Natalia, socióloga, vive sola y tiene el ritual de levantarse a la mañana, prender la compu y conectarse al MSN. Recién entonces, se prepara el desayuno. Así, dice sentirse acompañada al ver a sus contactos conectados.

Miguel está solo en su casa pero debe ponerse “no conectado”, para evitar que ciertos contactos del trabajo lo atosiguen a preguntas que no tiene ganas de responder. En la penumbra de la soledad de su casa aún debe esconderse.

Mario, casado, se encuentra trabajando en Alaska, ya que la empresa lo envió por seis meses. Cada tanto se conecta a MSN para seguir en contacto con familia y amigos. A los tres meses de estar afuera, una compañera le declara su amor y dice que lo extraña mucho. A 10 mil kilómetros, Mario no sabe qué hacer o cómo responder.

Melina se cansa de salir con su novio Guillermo. Finalmente un día lo ve conectado al MSN y vía mensaje le comunica que su vínculo terminó.

Micaela últimamente teme conectarse al MSN por miedo de encontrar en el contacto de su ex novio algún comentario o foto de él con alguna chica.

Las interacciones que se disparan a través del uso del MSN emiten ciertas conductas y pensamientos inéditos en otros canales de comunicación, incluso formas invasivas de aviso. Si cada persona tiene cientos de contactos, y se conecta una hora cada tres días verá información de unas 30 personas por día, lo que le genera un shock de información, aún en el estado “no conectado”. Así la “compañía” que genera el MSN de Natalia, se puede volver una pesadilla persecutoria como la de Miguel.

Cuando el MSN se vuelve patológico Kevin es un hombre de 28 años, estudiante universitario y soltero. Se proclama como un sabio del MSN, ya que su estrategia para buscar novia es agregar chicas que le sugieren sus conocidos. Pasa horas chateando con mujeres que no conoce. Puede estar haciéndolo por meses. Cuando decide concretar una cita con una, los encuentros no son muy satisfactorios. No se siente muy cómodo y extraña la seguridad que le brinda el Chat. “Ahí uno puede decir cosas frontalmente, aunque también hay mucha mentira en MSN”, reconoce Kevin, quien hace tres años que consulta a un profesional porque le cuesta relacionarse con el otro sexo cara a cara.

Flavia Verónica es mujer, tiene 25 años y trabaja en una empresa naviera. Sus amigos la califican como “una chica muy apetecible”. Hace tres años terminó una relación con su novio y desde ese momento se limita a entrar a páginas de encuentros y agregar a hombres a su MSN. El contacto real ya no le interesa. De hecho le produce miedo y ansiedad. Según dice, el “MSN” es el único lugar donde se siente segura.

El MSN en estos casos se volvió un arma de doble filo: un exceso en su uso puede agravar una condición pre-existente. En los casos de personas a las que les cuesta relacionarse cara a cara, este tipo de programas enmascara el padecimiento, ya que cuando parecen estar relacionándose lo que realmente hacen es evitar el contacto físico, imposibilitando un vínculo de intimidad.

Cerrando la sesión Un reconocido autor y psicólogo social llamado Keneth Gergen explica en una de sus más famosas obras, “El yo Saturado”, que las nuevas tecnologías nos permiten mantener relaciones directas e indirectas con una enorme cantidad de personas y ello provoca dos fenómenos: por un lado, una saturación social; por el otro una colonización del yo. Básicamente, lo que dice este autor es que a través de las nuevas tecnologías uno puede ir adquiriendo múltiples personalidades, en función del programa que estemos utilizando o el tipo de personas con que nos estemos comunicando. Así, nuestro yo, nuestra personalidad única e indivisible, se va viendo escindida, multiplicada, invadida, colonizada. Las tecnologías nos exigen crearnos una concepción diferente de nosotros mismos.

“Cada uno es una metáfora para los individuos con los que entablamos contacto. Ellos nos suministran imágenes de lo que implica ser una persona auténtica, y al incorporar sus modalidades de ser nos convertimos en sus sucedáneos, en metáforas de su realidad. Vivimos cómodamente instalados en esas metáforas, hasta que se vuelven literales. Ya no somos uno, contenemos multitudes., dice Gergen, quien además creó el concepto de “relación de microondas”, para aquellas mediadas por las nuevas tecnologías: refiere a los vínculos intensos, creados en poco tiempo.

Los cambios tecnológicos afectan la personalidad y la manera de relacionarnos. Según la psicología del aprendizaje, el desarrollo cognitivo de una persona está mediado por los instrumentos que tiene a su alcance. Dicho de otra manera: el MSN es un paradigma de la manera de vincularnos y comunicarnos en esta época que, a su vez, moldea y forma nuestra personalidad, modos de pensar y sentir, de relacionarnos. Esta generación encontró una manera de comunicarse que no existía anteriormente.

El MSN muestra todos los aspectos positivos y negativos de cómo se están formando nuestra subjetividades a principios del siglo XXI. Sin embargo, no hay inventos buenos o malos de por sí. Lo que hay que observar son los usos que se les da. El chat puede ser una gran herramienta para comunicarnos con ese amigo que esta de viaje o nuestro familiar que vive en el extranjero. Pero también puede ser instrumento por el cual nos abarrotemos de comunicaciones superficiales, que empobrezcan nuestro lenguaje o despersonalice las comunicaciones. En este link se habla sobre el tema El MSN no remplaza el contacto cara a cara. Por eso debemos tener en cuenta que, en caso de querer tener una conversación “en serio” con alguien por este canal, debemos cumplir ciertas reglas: saludar, mantener la concentración en esa comunicación en particular y desechar otros estímulos. En definitiva, como todo nuevo invento, llevará un tiempo hasta que nos acostumbremos a él, aprovechemos sus beneficios y reduzcamos sus perjuicios.

Un agradecimiento especial a Ani Kahansky por su colaboración

Artículo publicado originalmente en Opinión Sur Jóven