Ese amigo del asma

Tabaquismo, la adicción de fumar

POR VALERIA BASA Y ALEJANDRO URMAN

¿Sabías que el tabaquismo es la principal causa de muerte prematura prevenible en el mundo? En la Argentina las cifras ratifican la tendencia: alrededor de 40.000 personas mueren por año debido a enfermedades relacionadas con el tabaco. ¿Existe una dependencia biológica, social y psicológica al cigarrillo? Etapas para dejar de fumar.

“Todas las formas de adicción son malas, con independencia de si el elemento adictivo es el alcohol, la morfina o el idealismo.” Carl Jung

“Lo manejo y hay días que no fumo. O como máximo consumo 5 cigarrillos por día. No es mucho…”, cuenta Carlos, un joven de 25 años que dice “no fumar mucho”. Lo que él sabe, pero niega, es que tiene una adicción con una sustancia tóxica. Tal vez no tenga presente que el tabaquismo es la enfermedad prevenible que cobra más vidas que cualquier otro padecimiento. Históricamente ha sido tomado como una adicción “social”, una droga legalmente aceptada y por eso se subestima las consecuencias y el poder adictivo que tiene.

Según la Organización Mundial de la Salud, el tabaquismo es la principal causa de discapacidad evitable y de muerte prematura prevenible en el mundo. La tercera parte de la población mundial consume este producto, con un claro desplazamiento de la epidemia hacia los países de menor desarrollo económico, donde el cumplimiento de la legislación anti-tabaco suele ser más débil. Se producen cinco millones de muertes anuales a nivel global, situación que podría duplicarse en el 2030 de no mediar acciones destinadas para contrarrestarlo. En la Argentina las cifras no hacen más que ratificar la tendencia: 40.000 personas mueren por año debido a enfermedades relacionadas con el tabaco, las más frecuentes son enfermedades coronarias, cáncer y problemas respiratorios como el asma.

Si los fumadores saben que fumar está mal, ¿por qué lo hacen?

Los fumadores, como en otras tantas adicciones, comparten una dependencia biológica, social y psicológica. Es decir, no pueden hacer determinadas actividades sin dejar el cigarillo, como por ejemplo tomar café, estudiar y manejar.

La dependencia biológica se relaciona con la nicotina, que es un alcaloide que se encuentra en la planta de tabaco y que es usado frecuentemente como veneno en grandes dosis en insecticidas. En pequeñas cantidades, es estimulante y causante de la adicción al tabaco. Aunque no es la única, ya que se han encontrado más de 4000 otras sustancias en el humo.

En la dependencia social, muchas veces asocia el hábito de fumar a circunstancias como fiestas, salidas con amigos, reuniones, entre otras. El círculo social es un facilitador de la adicción, esto se ve exacerbado en parejas fumadoras o ambientes donde el tabaco es promovido.

La dependencia psicológica se refiere a las situaciones donde se toma al cigarrillo como un amigo, una compañía, un bastón, un aliciente para soportar las injusticias del mundo o un camarada para festejar las victorias. El acto de fumar es una manera de medir el tiempo, marcando cómo transcurre el día, desde el amanecer hasta el anochecer.En casi todos los fumadores funciona un mecanismo en la psiquis donde, por un lado, se mantiene un pensamiento (el cigarrillo es malo), y por otro lado, disociado de aquella idea, se mantiene otro opuesto (me gusta, me acompaña, no es tan malo). Si bien la contradicción y la ambivalencia son propias de lo humano, en los casos de adicción esto se agudiza.

El adicto (en este caso al tabaco) siente la necesidad de justificar su consumo, por más malo o irracional que pueda ser. Las personas que fuman SABEN lo nocivo que es para su salud y para los que los rodean. Sin embargo recurren a los argumentos más ocurrentes para autojustificarse: “De algo hay que morir”, “Mi tío fumó toda su vida y falleció a los 90 años”, “Me saca el cansancio”, “Fumar no es tan malo”.

Existe una teoría de la conducta en psicología que se llama disonancia cognitiva. Señala que cuando hay una incompatibilidad entre nuestras creencias y acciones, experimentamos un estado negativo llamado “disonancia cognitiva”, donde las personas tratamos de llevar nuestra “disonancia” al valor más bajo posible, buscando la “consonancia”. O sea, buscamos anular las contradicciones de nuestro pensamiento para que no nos moleste demasiado y poder seguir con nuestra vida sin mucho drama. Por ejemplo los porteños somos muy reticentes a cumplir las normas de tránsito con consecuencias constantes. Una persona sabe que esta mal cruzar por la mitad de la calle y puede justificarse diciendo “todos lo hacen” en un intento de sentir menos malestar por lo que está haciendo.

Es por eso que cuando un fumador ya tiene instalado el patrón de conducta asociado al fumar, defiende su acto con los argumentos más inverosímiles o tiende a minimizar los efectos adversos. Recién cuando logra aceptar que su consumo es perjudicial de un modo consciente puede empezar a pensar en dejar de hacerlo.

Desde el psicoanálisis podríamos decir que el fumador presenta cierta conducta masoquista. Goza de cierto castigo y maltrato que hace a su propio cuerpo. Freud es muy claro al decir que en el aparato psíquico existe una tendencia a la destrucción y a la muerte. De hecho desarrolla su teoría de las pulsiones, aclarando que existen dos tipos: la de la vida y la de la muerte. En el acto de fumar se produce una flagelación y una satisfacción exquisita donde se mezcla un placer consciente e inconsciente de goce y autodestrucción.

Los profesionales de la salud no están exentos a las adicciones y tampoco al tabaquismo. Nuevas campañas en salud instan a los profesionales a desaconsejar el consumo de tabaco, logrando una disminución de su uso en la población. Sin embargo aún hay mucho por hacer. El médico psiquiatra Sergio Griselli, Jefe del Sector Adultos II del Servicio de Salud Mental del Hospital Bernardino Rivadavia y coordinador del Equipo de Cesación Tabáquica sostiene que tampoco contribuye que los profesionales de la salud tengan esta adicción y no trabajen sobre ella. El especialista entiende que “hay cierta característica que tiene que ver con una omnipotencia. A veces tener que decidir sobre los tratamientos de nuestros pacientes genera una visión errónea y omnipotente de la vida y no se registran las limitaciones y debilidades, por lo cual es más difícil reconocer que hay una adicción y que hay que pedir ayuda”.

Fases para dejar de fumar

Los psicólogos Prochaska y Di Clemente estudiaron en 1983 a pacientes que realizaron con éxito un tratamiento y dejaron de usar sustancias psicoactivas, planteando que el cambio de consumidor a abstinente se produce en una sucesión de etapas. En el caso de un fumador son las siguientes:

Etapa precontemplativa. En este momento no está pensando en dejar de fumar, ni piensa en la posibilidad, le gusta fumar y lo hace. En este estadio no hay contradicción para el fumador. Es lo que se llama un estadio consonante. La acción y el pensamiento están unidos.

Etapa contemplativa. Si bien los pacientes contemplan la necesidad del cambio y puede que aún se digan a sí mismos "debería dejar de fumar...", aún no han hecho nada objetivo al respecto. Es aquí donde la asistencia de los agentes de salud, médicos, enfermeras y psicólogos es importante para que los orienten.

Etapa de decisión y acción. En esta etapa nos encontramos con personas que se proponen firmemente el cambio y toman acciones específicas que lo indican, por ejemplo, consultan solicitando ayuda. Las intervenciones terapéuticas surten un mayor efecto cuando se realizan en esta fase.

Etapa de mantención. En este período, el cambio inicial ya se produjo y se encuentran manteniendo la conducta de abstinencia y evitando las recaídas. Es una etapa difícil, a veces causa angustia e irritabilidad.

Etapa de recaída. Esta etapa fue considerada durante muchos años como el fracaso del procedimiento, sin embargo la experiencia enseña que las recaídas son parte del tratamiento en adictos.

El doctor Griselli sostiene: “Nunca funciona la imposición, genera una reacción contraria, una cuestión defensiva, de malestar. Para iniciar el tratamiento el paciente tiene que estar dispuesto porque se trata de una toma de consciencia, una actitud que incluye mejorar la alimentación, modificar un hábito, es una decisión que implica una inversión de energía y de tiempo”.

¡Chau Pucho!

En las últimas décadas se viene desarrollando un cambio cultural donde se apunta a una vida más sana. La legislación de los países de Norteamérica y Europa fue imitada en los países del cono sur y contribuye a limitar los espacios para los fumadores. Se evita así el consumo y se cuida a los no fumadores, quienes están siendo protegidos cada vez más.

También existen buenos tratamientos médicos para dejar de fumar. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires el Equipo de Tabaquismo, coordinado por Sergio Griselli en el Hospital Rivadavia, es un grupo de profesionales multidisciplinario que desarrolla su labor desde 2007 en el servicio de Salud Mental, con el propósito de brindar a la comunidad un abordaje integral de la problemática de la adicción-enfermedad a la nicotina.

Agradecimientos especiales a Dra Lia Bardini y Magalí Sztejn por la colaboración en este artículo.

Ilustración: Romina Marchetti

Articulo publicado orignalmente en Opinión sur jóven