Serás los que debas ser ¿o no serás nada?

por Leticia Hernández

- ¿Qué querés ser cuando seas grande?-

Desde chicos ya nos desafían con esta pregunta. Claro que en general a los chicos esta pregunta suele divertirles. Sus juguetes se transforman en viajeros del espacio, en héroes que rescatan a personas de un incendio o curan a todas las mascotas de los vecinos, o a lo mejor, atienden el quiosco más grande del barrio.

Cuando dejamos la niñez, ese tipo de preguntas son más difíciles de responder.

En su primera consulta Lautaro me cuenta que viene porque quiere hacer orientación vocacional. A él la famosa pregunta dejó de resultarle divertida hace tiempo. Expresa que todos esperan de él una respuesta REAL, y sobre todo que responda rápido y seguro.

Él me explica angustiado que su mente está en blanco, titubea, le da vergüenza. No sabe desde cuándo pero ¡sus amigos la tienen re clara! Mariana “contadora, me gustan los números”; Nicolás “abogado, quiero defender los derechos de la gente”; Leyla “medicina, me gusta saber de enfermedades y en biología me va bien”; Pablo “analista de sistemas, me la paso en la compu y me encanta ¡es obvio que estudie eso!”

En un momento de la sesión la mirada de Lautaro queda perdida observando un punto fijo en la pared. Me dice “Serás los que debas ser o no serás nada”. Sacude un poco su cabeza y vuelve a mirarme. Comenzamos a hablar sobre el significado de esa frase. La sesión continúa su curso.

Al final de mi jornada seguí pensando en Lautaro y en todos los que alguna vez vinieron al consultorio con dudas vocacionales. Su frase queda dando vueltas en mis pensamientos. Muy bien. Serás lo que debas ser… Lautaro ES. Es Lautaro desde hace 17 años. Lo que no sabe es lo que supuestamente DEBERÍA SER. Eso sí ¡no ser NADA, NO! La frase se escucha seguido entre la gente. Lo que no se escucha ni suelen decirnos es que todos los días vamos descubriendo QUIÉNES SOMOS.

Esta expresión tan conocida (y puedo decir, algo perturbadora) se le atribuye al Gral. José de San Martín. Hoy por hoy las personas la repiten en situaciones particulares, y en algunos queda profundamente grabada, como fue en el caso de Lautaro. La frase se convirtió en una expresión popular y, como todas, cuenta algo acerca del conocimiento y valores de la sociedad. Muchas personas la mencionan cuando hablan de vocación.

Inmediatamente recuerdo a los padres que consultan sobre la vocación o proyecto de vida de sus hijos. Muchas veces me ocurrió que al preguntarles por qué creen importante que sus hijos estudien, algunos respondieron: “porque es la única manera de que logren ser alguien en la vida”. Imaginemos lo que esta frase puede significar a un joven que está atravesando por una crisis vocacional.

Años atrás la vocación era considerada como “un llamado”, como una cualidad innata a la cual las personas están determinadas. La vocación era considerada como resultado de una especie de designio sobrenatural. Si no lo escuchábamos o no respondíamos a él, no llegaríamos a la autorrealización. Solo respondiendo a este llamado la persona lograría desarrollarse, de lo contrario literalmente “no sería nada”.

Hoy los profesionales de la orientación entendemos la vocación de otra manera, pero aquella idea de “llamado” aún sigue en el imaginario popular y muchas veces no favorece la toma de decisiones y produce ansiedades que podrían evitarse.

Hoy entendemos que no existe LA vocación, única e irreversible. Concebimos lo vocacional como una construcción a lo largo de la vida.

La concepción sobre nosotros mismos se va modificando y la construimos a partir de las distintas experiencias que vivimos y también a partir de la observación de los otros. En medio de estos cambios vamos adquiriendo distintas ideas acerca de lo vocacional. La construcción de ese “ser alguien en la vida” puede tomar múltiples formas, y el estudio de una carrera socialmente valorada está lejos de ser la única respuesta.

A partir de la reflexión sobre nosotros mismos y de nuestras ideas vamos delineando posibles proyectos de vida que no tienen un curso lineal, sino más bien laberíntico. En la construcción de este proyecto de vida vamos encontrando nuevos estímulos y también nuevos obstáculos que hacen que en nuestro camino vayamos recalculando los pasos.

En los encuentros con un orientador se busca colaborar con el consultante en la reflexión sobre sí mismos en relación al contexto en el que viven, ayudándolos así a resolver los problemas que puedan presentarse en la construcción de su proyecto de vida.

Hoy los especialistas en orientación vocacional intentamos que cada persona sea la protagonista de sus procesos y su historia. Ya no se ve al consultante como un mero receptor de un pronóstico dado por otro sobre lo que “debería ser o hacer” a partir del resultado de centenares de respuestas salidas de una batería de test.

Lejos queremos dejar los test vocacionales para dar lugar a las personas a pensar sobre sí mismos, investigar y reflexionar sobre sus deseos e intereses.

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