Secretos familiares

Por Lara Velazquez

“¿De donde sacaste eso?” “de eso no se habla” “nunca más vuelvas a decirlo”. Son estas frases y otras las que se escuchan con frecuencia en casos en los que existen estos “secretos familiares”. ¿Qué sucede con eso? ¿Qué produce? ¿Cómo se destraba?

Lo esperable es que, llegada la adolescencia, surjan dudas de origen, de porqué nos eligieron este nombre y no otro, quienes son nuestros ancestros, de donde venimos, etc. Pero como dice la famosa canción de Luca Prodan a veces es “mejor no hablar de ciertas cosas”. Puede que las ganas de saber nos impulsen a preguntar, así como puede ocurrir que las ganas sean quitadas por actitudes en la familia o por miedo a saber. El psicoanalista Adrián Grassi sostiene que “Transmisión y herencia de la vida psíquica son dos condiciones para la puesta en marcha de la investigación histórica familiar. Cuando la pulsión de saber se dirige hacia el “saber sobre los orígenes” puede encontrar un desarrollo favorable, así como también importantes obstáculos”.

Cuando algo es callado se producen huecos, lapsus, agujeros que hay que cerrar y llenar. Pareciera que faltaran palabras en una oración, lo cual no solo produce intriga, sino dudas, misterio y, principalmente, desconfianza. Se trata de una oración (y aquí una vida psíquica) sin sentido, sin trama. Lo traumático está ligado a una genealogía en la que si algún elemento no le es presentado al/los sucesor/es de forma metabolizable, es decir, tramitable, simultáneamente se produce la prohibición de preguntar respecto de lo silenciado. Así es como las formaciones inconscientes de otro llegan a habitar aun sujeto como un fantasma.

Todo nuestro pasado nos determina, René Kaes sostiene que “La sujeción al grupo se funda sobre la ineluctable roca de la realidad intersubjetiva como condición de existencia del sujeto humano (…) el sujeto de un conjunto intersubjetivo cuyos sujetos nos tienen y nos sostienen como los servidores y los herederos de sus “sueños de deseos irrealizados”. Acaso ¿Cuántos padres ponen a sus hijos sus mismos nombres? Esto por ser sutil no es menor, de esta manera ya hay un condicionamiento previo muy implícito hacia el futuro del niño y adolescente.

Estos hechos o sucesos que la familia prefiere callar o negar (porque producen incomodidad, vergüenza, culpa, estigma social) son mencionados por Kaes con el nombre de “alianza psíquica inconsciente”. Esto es denominado así, en primer lugar porque se trata de un acuerdo del que se necesitan, sí o sí, de dos o más personas. Este acuerdo implica un compromiso mutuo con un fin común. En segundo lugar, se dice que es psíquica porque tiene lugar ahí, en el grupo psíquico inconsciente (grupo porque se trata de una familia) de cada uno de los sujetos que la forman, voluntaria o involuntariamente. Por último, se dice que es inconsciente porque no existe un momento preciso en el cual el acuerdo es hablado y se pacta un silencio, sino que “naturalmente” así “se dio”, inconscientemente.

Por esto último mencionado y, aquí me atrevo a decir que es lo más importante, a pesar de que algo sea omitido, existe como tal psíquicamente y, como consecuencia, se transmite de generación en generación , esto es llamado por el psicoanalista Adrián Grassi como “herencia psíquica negativa”, es decir, aquello silenciado llega a las “nuevas generaciones” de todas maneras. Esto es de suma relevancia, ya que cuando comienza la inscripción autobiográfica en la adolescencia, se producirá (al haber una falta en la historia) una falta en la subjetividad e identidad del sujeto. Como dijimos, los hechos negados son transmitidos inconscientemente y, es por eso, que la transmisión se da mediante lo no verbal, a través de lo no simbólico.

Como dijimos, generalmente, la investigación histórica familiar (en la que cada uno escribe su biografía, que pasa a ser propia) comienza en la adolescencia, y, eso no es casual, ya que es ahí, en ese momento donde tiene lugar el lanzamiento subjetivo de cada uno. Debido a esto, es muy importante que estas alianzas psíquicas inconscientes no se produzcan ya que tienen consecuencias de gran dimensión y magnitud para la psique del futuro sujeto que se está gestando en la adolescencia, ya que aquello que se calla, será una incógnita en la identidad y el psiquismo de la persona y, no sólo eso, sino que aquello omitido, por no ser tramitado, será una especie de patrón común que se repetirá en la historia familiar debido a que se lo transmite de todas formas, pero, sin ser editado, asumido, superado y, por lo tanto, sepultado o encarado de otra manera. Cuanto menos duelado sea un suceso, mayor transmitido será (por ejemplo, la violencia familiar). Kaes sostiene que “nada de lo que haya sido retenido podrá permanecer inaccesible a la generación que sigue o a la ulterior. Habrá huellas, al menos en síntomas que continuarán ligando a las generaciones entre sí, en un sufrimiento del cual les seguirá siendo desconocida la apuesta que sostiene.”

Este pacto puede durar años hasta que uno de los sujetos de la nueva generación comience a romper con los tabúes familiares.

Destaco la importancia de “las victimas” porque la alianza está formada por quienes la producen, los cómplices y también los perjudicados, que prefieren no preguntar o evitar saber ciertas cosas. Esto se debe a que la patología de transmisión, si bien afecta a un sujeto en su singularidad, es “sostenida” en el proceso psíquico del sujeto singular pero, también, en el proceso psíquico del conjunto intersubjetivo, es decir, la familia.

Bibliografía:

Kaes René: "Transmisión de vida psíquica entre generaciones"

Grassi Adrián: “La investigación histórica familiar".

Por Lara Velazquez, estudiante de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

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