No existen hechos solo interpretaciones

Por Esteban Prusso y por Denise Nuñez

Imaginemos por un momento que todo lo que nosotros consideramos hechos, eventos, situaciones objetivas es puesto en duda. Se desprende entonces la pregunta ¿dónde está la verdad?

La verdad es una creación, un consenso, un aquí y ahora. El autor de esta frase, Friedrich Nietzsche, postulaba que no existen suficientes interpretaciones para poder agotar un hecho, un acto, siempre alguien más podría ver algo diferente. No hay una verdad absoluta, sino interpretaciones múltiples de la realidad. Esto nos invita a reflexionar acerca de cómo cada uno accede al mundo que nos rodea.

Las personas, a partir de nuestro bagaje de intereses, emociones, esquemas, creencias e historia personal, entre muchos otros factores, captamos los estímulos del entorno de una forma peculiar, única, generando nuestros propios recortes del ambiente y, en función de ellos, interpretamos.

A partir de estas interpretaciones, intentamos explicar o echar luz sobre algo, un evento, una circunstancia. De este modo, nos apropiamos de ello, lo quitamos del mundo externo para unirlo a nosotros, es decir, lo subjetivamos.

Ahora bien, ¿cómo repercute esto en nuestra vida cotidiana? Constantemente estamos realizando interpretaciones sobre la realidad, que son en general acordes con la sociedad y la cultura en la que estamos inmersos, la cual nos atraviesa e influye constantemente.

Cada sociedad se rige por reglas y leyes tomando tales como vara para medir las conductas de sus miembros. Pensemos por ejemplo en relación a la poligamia la diversidad de perspectivas que existen, y como nos vemos influidos por el modelo que se nos presenta como “correcto”. En nuestro país, la monogamia se encuentra social y legalmente aceptada, siendo el modelo de relación de pareja por excelencia, repudiándose la poligamia. Por el contrario, en países como Argelia, Egipto y Siria, entre otros, la poligamia es el modelo de relación predominante. A su vez, en los países anteriormente mencionados, existen personas que sostienen posturas diferentes a las consideradas como absolutas en el lugar en el cual residen y rompen con el prototipo. Dichas personas suelen ser juzgadas por su modo de accionar y de ver las cosas.

Las diferentes interpretaciones que podamos hacer de la realidad entonces, modifican fuertemente nuestra postura, nuestros pensamientos, y sobre todo nuestras emociones, aun siendo estas socialmente aceptadas.

Es importante detectar que interpretación hacemos de la realidad, ya que la misma influye en nuestro modo de pensar, actuar y sentir, teniendo esto un impacto en nuestra salud mental.

La paciente F. expresa una gran dificultad a la hora de viajar en subte, al acercarse al mismo, bajar las escaleras e incluso subirse, comienza a sentir diferentes síntomas (mareos, palpitaciones, sensación de desvanecimiento, falta de aire, temblor de manos, entre otros). A raíz de ello, ha dejado de tomarse ese medio de transporte ya que los síntomas tornaban dicha situación insostenible para ella, y el ver como las otras personas que viajaban en el subte se veían tranquilas, sin preocupación en el recorrido se tensionaba más, aumentando su ansiedad.

Luego de varias sesiones la paciente trajo al recuerdo una situación muy violenta que vivió cuando esperaba el subte, la cual fue determinante para generar una evitación en ella no solo a este medio de transporte sino también a los lugares cerrados y a aquellos en los cuales había mucha gente. Su recorte de la realidad, de los estímulos provenientes del ambiente, hacían que interprete los hechos de diferente modo que quienes la rodeaban, generando en ella una sintomatología que se torna insostenible y la llevaba a la evitación.

Una viñeta referida por V. Frankl también nos permite ver con claridad lo expresado anteriormente:

Un viejo doctor en medicina consultó debido a que padecía una fuerte depresión al no poder sobreponerse a la pérdida de su esposa que había muerto dos años atrás. El terapeuta lo hizo reflexionar al preguntarle qué hubiera sucedido si él hubiera fallecido en lugar de su esposa. A partir de allí pudo pensar en cuanto hubiera sufrido su esposa. El terapeuta lo hizo ver que había ahorrado ese sufrimiento a su esposa, pero debía pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte. Al encontrar un sentido a aquello que le estaba pasando, el sufrimiento dejó de ser vivido como tal, se le encontró un sentido, en este caso el sacrificio.

¿Nos hacemos cargo entonces, de los anteojos con los que miramos la realidad?

¿Querés contactarte con algún miembro de nuestro equipo? Completa este formulario y nos contactaremos a la brevedad.