Mujeres y hombres del siglo XXI

POR ALEJANDRO URMAN

En pleno siglo XXI, las mujeres siguen centralizando las tareas domésticas y los hombres “llevando el pan al hogar”. Muchas de ellas se quejan de que “ya no hay más caballeros” y siguen reclamando que les abran la puerta y les dejen pasar. Muchos de ellos siguen sin poder responder preguntas básicas sobre sus hijos. ¿Es el fracaso del feminismo? ¿Cuántas generaciones deben pasar para que haya igualdad plena entre géneros?

Dedicado a la memoria de mi padre, Marcelo Urman

A menudo escucho en mi consultorio quejas de hombres y mujeres acerca de lo que el otro sexo (o más propiamente género) debería hacer. Esto no me genera asombro cuando son pacientes de más de 50 años que fueron criados con modelos de género diferentes a los de la nueva generación. Pero, ¿qué sucede cuando aún hoy se repiten modelos antiguos o demodé sin reflexión?

¿Que pasa con los hombres? Solange de 22 años no deja a su novio de buena posición económica, entre otras, cosas porque “gana mucha plata y tiene auto”. Le gusta un compañero de la facultad pero jamás estaría con él. “Es un vago, no tiene plata ni aspiraciones”, cuenta. Ella dice crudamente lo que otras mujeres no se animan a confesar en el consultorio, pero sugieren. Todo hombre que no sea proveedor no es un hombre entero, no merece su respeto ni el de la sociedad. Solange tiene una gran carencia afectiva. Sus padres la abandonaron a los 10 años y fue criada por una abuela. Busca que un “hombre de verdad” cubra todas sus carencias.

Lo curioso es que frases como esta se escuchan diariamente en boca de mujeres de clase media con formación universitaria y que de una manera más o menos completa, buscan la independencia económica.

Otro paciente, Carlos de 30 años, dice que las mujeres son como los caballos. “Les tenés que pegar para que reaccionen”. En este caso la mujer es puesta en lugar de un animal, de debilidad, de algo que debe ser dominado y domado por un ser superior. Más frases: “Viste como es; el hombre se ocupa de ganar la plata y la mujer, de gastarla”; “No le presto el auto porque te lo hace mierda…”.

Carlos padece de un trastorno relacionado con el narcisismo. Todo ser que camina sobre la tierra debe ser tratado como inferior; especialmente las mujeres. Lo que Carlos no sabe aún que este pensamiento es parte de una proyección de sus propios sentimientos de fragmentación y precariedad que lo amenazan cada vez que la realidad no le devuelve la imagen perfecta que él quisiera tener de si mismo.

De Caballeros y Damas ¿Dónde quedaron los caballeros?, preguntan las mujeres. En el mismo lugar que quedaron las damas, podrían responder los hombres. Por supuesto que un varón puede ser gentil y sostenerle la puerta a una mujer o cargarle su pesada maleta, pero ¿vale la pena conservar este modelo como una regla inmutable e incuestionable?

El término caballero proviene de la edad media y habla de un hombre que andaba a caballo, cosa que no se ve mucho en la ciudad hoy. Paralelamente, la dama no insultaba, ni hablaba de sexo, no salía sola de casa y nunca volvía después del atardecer; la mujer se limitaba a sonreír, y mostrarse dulce y solicita. Una joven soltera, lejos de ir a estudiar, se dedicaba a aprender a coser, bordar y abrir la puerta para ir a jugar.

Entonces vuelvo a la pregunta inicial. ¿Vale la pena seguir buscando estos modelos que son parte de roles del pasado? ¿La mujer que busca un caballero esta dispuesta a ser una dama? ¿Y viceversa?

Viviana manda a su hija a un jardín de clase media alta en Buenos Aires. Ella trabaja con horarios flexibles, con lo cual carga con la responsabilidad de traer y llevar a su hija a la escuela. En el consultorio, ella se queja de que las otras madres la miran mal. Algunas se van a tomar el té mientras esperan que sus hijos salgan, porque la gran mayoría no trabaja. Y eso también se refleja en la relación con los hijos. Viviana lo describe así: “En el jardín, hay ocho familias. Sólo en dos, padre y madre son iguales, y de hecho en una, el padre esta mas presente porque tiene más movilidad laboral que la madre. Hay una tercera en que el padre comparte tareas, pero es más para colaborar en las tareas con la madre. En otras dos familias los padres están, llevan y traen a los nenes del jardín y pueden sacarlos a pasear, pero nada más… Y a los otros tres podríamos mandarle una foto de los hijos”.

Es cierto que los padres han avanzado mucho en la crianza de sus hijos. Sin embargo, la realidad sigue contrastando con la utopía. En el consultorio, la mayoría de varones sigue hablando de sus hijos como algo lejano y ante una pregunta puntual suelen responder: “Eso mejor preguntáselo a la madre”. Y un dato llamativo: en mi práctica profesional nunca encontré un padre que –estando la madre viva y presente- sea el responsable de contestar el cuaderno de comunicaciones.

2010 Odisea en el espacio Hace 10 años entramos en el siglo XXI. ¿Qué pasó con eso de la educación igual para todos y oportunidades sin distinción de género? Acá no se trata de una política de un empresa regresiva que no contrata mujeres porque las considera improductivas… estamos hablando de la vida cotidiana de hombres y mujeres que a pesar de transcurrir su vida adulta en el siglo XXI, siguen –seguimos- viviendo con valores y conceptos que son trasmitidos de generación en generación sin demasiada reflexión.

Es hora de que trabajemos nuestras propias necesidades. Estamos en un momento donde la misma época lo reclama. También tenemos que saber que hay cambios de hábitos y mandatos que pueden llevar varias generaciones; por más que estemos en 2010, hace 20 años no existía la mayoría de adelantos tecnológicos y sociales que tenemos ahora. El cambio no se hace de un día para otro pero hay que intentarlo.

Estoy convencido de que las personas pueden cambiar cosas sobre sí mismas. Y si las personas cambian, de a poco la sociedad se transforma. Por empezar, hay que replantearse qué valores reproducimos y portamos, tanto en nuestro trabajo como en nuestra vida personal.

¿Puedo exigirle a mi novia que sea una excelente cocinera como mi abuela, una acompañante sumisa como mi madre y una profesional exitosa y pujante como quisiera que sea mi hija? ¿Puedo exigirle a mi marido que sea un trabajador incansable como mi abuelo, que haga las tareas domésticas con la prolijidad de mi madre y que sea un padre ejemplar como quisiera que sea mi hijo?

Vivimos en una época bisagra en que, según los círculos sociales, puede estar bien vista la mujer que decide dedicar la mayor parte de su tiempo a cuidar a sus hijos como aquella que debe o quiere trabajar a horario completo. También se esta empezando a aceptar a padres que crían a sus hijos mientras las madres trabajan.

Salvo algunos bolsones de la población, la identidad de género es cuestionada diariamente y está en constante evolución. Por otra parte, es innegable cierta diferencia anatómica que no nos hace iguales en muchas cosas. Es común que el hombre desarrolle mayor masa muscular y que tenga más fuerza; o que la mujer pase más tiempo con ellos en la época de lactancia.

En definitiva, es importante que seamos sinceros con nosotros mismos sobre qué modelo parental llevamos, cuál es nuestro modelo de pareja y cuál queremos transmitirle a nuestros hijos, sin exigir al otro género que complete nuestras falencias y fantasías, en un mundo en constante cambio y desarrollo.

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