Los hombres y sus problemas afectivos

Por Tamara Saúl

“Los hombres que no amaban a las mujeres”

"Yo no conocía la verdadera felicidad hasta que me casé, y después ya era demasiado tarde". La frase resume lo que sienten muchos hombres ante la posibilidad de un compromiso sentimental. Desde el psicoanálisis existe una explicación acerca de las dificultades de muchos hombres para amar. La siguiente nota analiza el fenómeno de los “hombres obsesivos”.

El subtítulo de esta nota es el de una gran novela negra de Stieg Larsson, expresión con la que muchos hombres y mujeres se van a sentir identificados. Pero lo único que va a tener en común este artículo con la novela será el subtítulo, porque acá no hablaremos de muertes, sino de los hombres y sus problemas afectivos.

En cualquier esquina podemos encontrarnos con el hombre que insiste en salir con “la mujer de sus sueños” y cuando ésta accede, él empieza a dudar de sus sentimientos. Son cada vez más los casos de hombres que consultan porque salen con chicas pero sienten que ninguna es para ellos.

También solemos escuchar a la mujer que dice: “Mi novio es un amor, está pendiente de mí todo el tiempo, se re‐preocupa”. Hasta que los llamados para saber qué se compró en el shopping o adónde va con sus amigas se transforman en control sobre la ropa que se pone o sobre sus amistades.

En general son ellas las que vienen a consultar por los problemas afectivos de ellos. Muchas se quejan de que no les demuestran lo que sienten o que llevan años esperando que llegue la propuesta de casamiento… ¿El amor de los hombres no es amor? ¿O tan sólo es un amor diferente al de ellas?

No hace falta ser psicólogo para escuchar: “Ninguno quiere nada serio, dan vueltas y no se deciden”. En la jerga decimos que estos hombres son obsesivos. Pero veamos de qué se trata esto.

¿Ser o no ser?

El deseo es esa diferencia que hay entre lo que uno quiere y lo que obtiene en la vida. Diferencia insalvable y específicamente humana. Las personas deseamos, y nos preguntamos cosas sobre nuestra existencia, sobre lo que somos. Pero por más que la ciencia y la religión se ocupen de resolver esas preguntas, nunca hay certezas.

Entonces hay que convivir con el deseo, con la falta de respuestas. Los que más se preocupan por este tipo de cosas son aquellos hombres que el psicoanálisis denomina como Neuróticos Obsesivos. Son los que más preguntas se hacen y, a la vez, son los que menos soportan que no haya respuestas certeras. Entonces este tipo de hombre aleja el deseo para no encontrarse con que no hay respuestas a sus interrogantes existenciales. Por ejemplo, para que ellos amen a una mujer debe mantenerse como inaccesible, como imposible.

Un ejemplo de esto se puede ver en la película de Woody Allen ¨Match Point¨. Chris, el protagonista recién casado, conoce a Nola, su atractiva concuñada y hace todo por estar con ella. Pero cuando Nola decide separarse de su pareja para dedicarle todo su amor a él, Chris se hecha atrás y decide asesinarla. Situaciones (no siempre tan literales) típicamente masculinas. Muchos hombres desean a la mujer que no pueden tener. Y cuando la mujer le corresponde con su amor, el deseo desaparece porque ellos desean que no haya deseo.

Carolina me decía en el consultorio: “Ignacio me dijo que está enamorado de mí. Pero nos vemos nada más los fines de semana. Eso es como ir al gimnasio una vez por semana, no sirve para nada”. Y pareciera que cuanto más tiempo le demanda Carolina, Ignacio más se aleja.

“Papá las tiene a todas por eso lo odio”

”Un niño le pregunta a su padre: ‐Papá, ¿por qué la novia cuando se casa esta vestida de blanco?. ‐Porque es el día más feliz de su vida, hijo. ‐Ah, ahora entiendo por qué el novio se viste de negro.” El psicoanalista Jaques Lacan afirma que el problema del hombre obsesivo siempre gira en torno al padre. Crece con una figura paterna débil, degradada por la esposa.

Tal vez es un hombre prestigioso profesionalmente o querido por todos. Pero por alguna razón no recibe el amor de su mujer y él tampoco ama a ella; esto puede no ser real, pero es lo que el hijo siente). Como es un hombre tan querido en su entorno, pero a la vez ignorado por su mujer, el niño crea la fantasía inconsciente de que al padre le pertenecen todas las mujeres menos su madre. Es un padre idealizado y todopoderoso, pero a la vez odiado porque lo deja al hijo solo bajo las garras de su madre. Es importante aclarar que para el psicoanálisis la figura paterna (tradicionalmente cumplida por el padre, pero que puede ser ejercida por una mujer) tiene el rol de separar a la madre de su hijo. En este caso el padre no estaría cumpliendo bien su rol.

Este niño era Gerardo. Ahora es un empresario de 36 años que está casado con Ana y tiene un hijo. Él sí hace todo lo que Ana le pide. Dice que su mujer lo define como el marido perfecto y que nunca se queja de nada. Tiene el matrimonio ideal, sólo que él no es feliz. Por eso consulta.

Tras varias sesiones de análisis, Gerardo pudo dar cuenta de la ambivalencia del amor‐odio que siente hacia su figura paterna como todo obsesivo. Gerardo siente culpa por ese odio. Por un mecanismo inconsciente, su mujer pasó a representar a su padre. Y por esa culpa que siente, trabaja y dedica su vida a satisfacer las demandas de su mujer. Él debe cumplir todo para su padre omnipotente: sus deseos son órdenes. Y si los deseos son órdenes ya dejan de ser deseos. Precisamente, como obsesivo, Gerardo quiere alejar sus deseos y lo logra.

Así, realiza hazañas sólo para complacer al padre que le exige. Lo curioso es que este tipo de hombre siente que fracasa al triunfar. Como podría ser el caso de Gerardo, muchos hombres cuando logran el casamiento tan esperado con su amada ideal y tienen la vida “perfecta”, se sienten fracasados. Sin ir mas lejos, los chistes que más cuentan los hombres (y cada vez más mujeres) son sobre la analogía entre el matrimonio y la cárcel. Un hombre dijo: "Yo no conocía la verdadera felicidad hasta que me casé, y después ya era demasiado tarde."

Pienso, luego existo

En general, ninguno de estos maridos decide divorciarse. Antes que actuar y cambiar, prefieren acostumbrarse a vivir en un matrimonio aburrido y rutinario. (Quizás zafan un rato teniendo alguna cañita al aire...). Actuar significa encontrarse con el deseo… algo que, como vimos, el obsesivo intenta alejar.

Por lo tanto, estos hombres suelen postergar las decisiones, refugiarse en la duda, dar vueltas sobre los asuntos y pensar, razonar, elucubrar, calcular, pensar y pensar… pero muy pocas veces actuar. Con su discurso y sus argumentos rodean al otro. Ella: “¡Me da vueltas! Primero me dice que quiere verme y cuando arreglamos cancela dándome una sarta de explicaciones. Me dice que hablamos mañana pero no me llama. ¡Que se decida!”.

El psicoanálisis postula que las personas que padecen Neurosis Histérica (la mayoría de las mujeres) mantienen vivo el deseo, lo buscan, lo hacen aparecer. En cambio, los Neuróticos Obsesivos (la mayoría de los hombres) lo dejan como algo imposible, lo anulan, lo matan. Entonces en los dichos de esta mujer se puede pensar que el hombre del que habla es un obsesivo que la roza, la rodea utilizando palabras y razonamientos pero sin tocarla. El hombre posterga el deseo para mañana y luego lo anula.

Adrián, de 32 años, vino a consultar porque siente que estuvo muchas veces de novio pero que nunca se enamoró “perdidamente” de una mujer como para casarse. Me dice: “Yo llego a sentir cosas por ellas, pero no sé, siento que no tengo la capacidad de amar”. Freud decía que un analista cura cuando le devuelve al paciente la capacidad de amar.

El obsesivo, para actuar en el presente, debe someter el futuro a su control. Y como el futuro no se puede calcular, nunca actúa. “El neurótico obsesivo, calculando y postergando su acto, es presa de la angustia, precio que debe pagar por el error de postergar su acto, buscando la certeza en el Otro”, sostiene el psicoanalista Javier Aramburu. Y como el Otro no la tiene, prefiere no arriesgarse. Pareciera que Adrián duda y no se juega porque tiene miedo de encontrarse con el deseo de la mujer. Entonces, calculando, termina las relaciones antes de que algo de lo incierto (el deseo) pueda aparecer. Por eso posterga comprometerse hasta que La Mujer (la ideal) aparezca. Pero como esa mujer ideal no existe, y sí existen las mujeres, se queda solo.

Además, el hombre obsesivo todo lo piensa y razona. Todo a lo que no le encuentra sentido lo descoloca. Es por ello que cuando Adrián está con una mujer y llega a sentir algo que no puede nombrar o razonar (como suele ser el amor) prefiere salir corriendo.

Aunque no lo veamos el amor siempre está

Indecisiones, dudas, idas y venidas, postergaciones, precariedad afectiva, etc. Muchos dicen que los hombres van perdiendo virilidad y las mujeres se transforman en aquellas que llevan los pantalones para actuar en la vida. Ellas los llaman histéricos, pero para el psicoanálisis son obsesivos.

Pensar y calcular todo es su obsesión, lo que no los deja actuar acorde a su deseo. Sufren y no dejan de dar amor (de la manera que pueden) y sobretodo de necesitarlo. El hecho de que un hombre trate de cambiar algo, se pregunte sobre su padecer y se arriesgue con una mujer a descubrir lo que siente, significa que está aceptando “perderse” un poco más en sus deseos y empieza a actuar acorde a éstos.

Sin dudas, en ese proceso Adrián, o quien sea, va a poder volver a sentir la capacidad de amar, siempre latente en él.