La situación de las amantes

La otra cara de la infidelidad

Por Alejandro Urman

En toda situación de infidelidad, hay tres personas involucradas: el engañado, el engañador y el amante, el tercero en discordia. Especialmente las mujeres que están en esta posición suelen sufrirlo. Algunas sueñan con que el hombre abandone su hogar y se quede con ellas. Algunas quieren olvidarlo pero no pueden; otras están cómodas con esa posición. En esta nota se analiza la difícil y complicada situación de “las amantes”.

“Sólo el amor no satisfecho puede ser romántico” Juan Antonio en la película “Vicky Cristina Barcelona”

Dos años atrás publicamos un artículo acerca de la infidelidad, que generó intensas respuestas y consultas de los lectores. Entre ellos nos llamó la atención que muchas mujeres que escribían eran las amantes de algún hombre casado y -lejos de estar cómodas en esta situación- la padecían. Parecía que su problema era que se estaban traicionando a sí mismas. La infidelidad, en este caso, era sobretodo hacia sí mismas.

A continuación el caso de una lectora que da cuenta de la realidad de múltiples mujeres:

“Hace un año soy la amante de un ex compañero de trabajo. Dejé el empleo hace ocho meses. Me enamoré de él y, supongo que de cierta manera, él también de mi. Sé que no tengo muchas alternativas. De hecho, la semana pasada le dije que pensara que es lo que quería hacer y siempre me responde: "Lo voy a pensar", "no se", "no es tan fácil dejar a mi familia"… Y yo lo entiendo. Hago terapia desde hace seis años, y no se lo conté a mi psicólogo, porque se lo que va a decirme. Y, encima, sé que no puedo exigirle nada a él, porque yo acepté esta relación así. Siempre tiene poco tiempo, ya casi no tenemos relaciones cuando nos vemos, somos algo así como “amigos con privilegios”. Me llama todos los días (obviamente que él maneja todos los tiempos, TODOS). ¿Debería dejarlo? ¿Debería decirle que piense lo que quiere? ¿Se transformó en una obsesión? ¿Por qué nadie habla de las amantes?

Ser “la otra” no es algo bien visto socialmente; ser “el otro”, en cambio, no genera mayores controversias. Como es un tema vinculado con la moral, a veces se hace más difícil de abordar. Mientras los hombres suelen contarlo a viva voz, muchas amantes no comentan su situación por vergüenza, o sólo la cuentan a sus más íntimos. Cuesta imaginar a un padre criando a su hija para que sea una “buena amante”. Quizás por esto se pasen por alto situaciones o se trate el asunto de una manera superficial.

Sin embargo es un tema que suele estar presente en la literatura, en el cine, en el teatro y en la televisión, aunque predomine una mirada machista, en la que se deja afuera la posición de estas mujeres y sus sentimientos más profundos. Pareciera que amor y obsesión van de la mano. Y en el caso de las amantes se agrega otro ingrediente: una cuota no menos importante del viejo y conocido masoquismo.

Las obsesiones se caracterizan por aquellos pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes e inapropiados, que causan ansiedad o malestar significativos. Las frases típicas serían: “No me lo puedo sacar de la cabeza”, “lo único que hago es pensar en él”. A diferencia de una persona enamorada “sanamente” –aquella que vive pensando en su partenaire de una manera idílica-, aquí encontramos un intento de ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes negativas; o una intención de neutralizarlos haciendo cosas o tratando de distraerse.

El punto de quiebre es cuando los pensamientos se tornan excesivos, le impiden al sujeto hacer sus actividades diarias y le generan un malestar significativo en su vida cotidiana. Allí tal vez sería conveniente que la persona recurra a un profesional. Sufro, luego existo

Si bien se entiende generalmente al masoquismo como el placer por el padecimiento físico, también se atribuye ese término a la gente que encuentra cierta satisfacción en el sufrimiento y en la decadencia. En algunos casos, según una visión psicoanalítica, se encuentra ligado a un sentimiento inconsciente de culpa.

Psicólogos de la línea cognitiva observan patrones disfuncionales en la forma de relacionarse con el otro; en este caso la persona amada. Parecería que las masoquistas reafirmaran su existencia ante los otros sufriendo. Las amantes, por ejemplo, mantienen, durante meses o años, relaciones que las hacen sufrir; y, sin embargo, ellas dicen seguir ahí “para ponerle el pecho a las lágrimas”. Más que de un síntoma habría que referirse a una forma de vivir la vida sufriendo. De esta manera, parecerían ratificar su existencia haciendo del dolor un culto de vida. Amantes “que piensan como hombres”

No todos son casos de amantes “sufrientes” y atrapadas en el deseo de un amor imposible. Existe otro tipo de mujer a la que no le molesta ser la tercera en discordia. Ella lo único que quiere es pasar un buen rato. Micaela cuenta: “Hace un año que salgo con un hombre comprometido, muchas veces en el momento de la intimidad veo que tiene el anillo de casado puesto y ni siquiera me molesta. Hasta, tal vez, me da gracia”. Micaela no quiere que su Romeo deje a su mujer ni a sus hijos, simplemente quiere pasar un buen rato.

La capacidad de disociar el amor del sexo es muy compatible con la manera de pensar y de actuar de muchos hombres. Quizás por eso este tipo de amantes sean las más buscadas por el sexo masculino. Es una actitud que también responde a un modo de vincularse de las últimas décadas: el amor y la intimidad dejan concebirse como instancias compartidas por personas en una relación comprometida, para transformarse en encuentros o conexiones fugaces.

Como señala Ralph Waldo Emerson, citado en el Libro Amor líquido de Zygmunt Bauman, “Cuando uno patina sobre hielo fino, la salvación es la velocidad. Cuando la calidad no nos da sostén, tendemos a buscar remedio en la cantidad. Si el ‘compromiso no tiene sentido’ y las relaciones ya no son confiables y difícilmente duran, nos inclinamos a cambiar la pareja por las redes”. Esto lo que señala Bauman como la nueva manera de relacionarse del siglo XXI. “Yo nunca lo haria”

Este es el tipo de mujer que nunca estaría con alguien comprometido o casado. No acepta ser la segunda.

Mientras que la realidad cotidiana de muchas mujeres es la de ser amantes, también hay otras que están en desacuerdo con esta forma de relación. El ser amante implica -para estas mujeres- colocarse inmediatamente en un segundo plano, ser la otra.

La idea que perciben es que aunque existan casos en que el hombre decida abandonar a su mujer/esposa/novia, generalmente esto no ocurre. Por eso, ellas prefieren conocer a otro hombre que sí le pueda dar una relación de uno a uno. Marcela, de 28 años opina: “Siempre es peor la tristeza por esa relación incompleta que la ilusión que puede generar el estar buscando”, aunque reconoce que, a veces, es difícil dejar algo que, bien o mal, implica una presencia, un contacto, un estar permanente del otro. “Pero, la mujer pierde de vista cuanto vale y se subestima frente a otros hombres que pueda tener cerca”, concluye.

Además existen otras formas -un poco menos convencionales tal vez- de considerar la infidelidad

No todo es color de rosa

Las amantes, generalmente, viven historias de pasión fugaces, de una manera que los poetas románticos del siglo XIX muchas veces envidiarían. De todos modos, lo que la literatura y el cine de Hollywood en variadas ocasiones confunden es que el amor es mucho más que la pasión. En las películas se cuenta la manera en que dos personas se conocen románticamente en Paris o en una escena con lluvia torrencial se besan y abrazan. Lo que omiten esos relatos es el hecho de sobrellevar los momentos difíciles: ¿Cómo solucionan los conflictos cotidianos? ¿Cómo ahorran para comprarse la casa? ¿Cómo educan a sus hijos? ¿Cómo es la relación con la familia de él o de ella?. “El amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas y terminadas, sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas”, explica Baumann.

A las amantes de corazones rotos habría que decirles, lamentablemente, que el amor muchas veces no es lo que sienten, que no es solamente una pasión abrasadora que parece volverlas locas. El amor es algo más cotidiano, menos shockeante, algo que se construye todos los días. Amantes: es tiempo de que se sinceren con lo que ustedes pretenden de la vida, del amor y de una relación de pareja en vez de echarle la culpa a un hombre que ha construido el amor en otro lado.

Ilustración: Lorena Saúl

+Info Algunas películas para ver:

Atracción fatal

He is just not that into you

Vicky Cristina Barcelona

Crímenes y pecados

Match Point

Te recomendamos además algunos libros:

El arte de amar, de Erich Fromm

Amor líquido, de Zygmunt Barman

Fragmentos de un discurso Amoroso, Roland Barthes

Seda, Alessandro Baricco.

Articulo publicado originalmente en Opinión Sur Jóven