Ideas sobre el uso del tiempo libre

OCIO ¿Qué tengo que hacer con eso?

Por Rodrigo Sanchez Paz

En la actualidad, los individuos nos encontramos en una cotidianeidad altamente exigente, nuestras obligaciones laborales y nuestros compromisos toman un rol protagónico en nuestras vidas. En la mayor parte de los casos, destinamos más tiempo a estos compromisos y obligaciones del que dedicamos a cualquier otra actividad, directa o indirectamente.

Este ritmo al que nos encontramos en la necesidad de cumplir, como toda actividad que se ejerce cotidiana o habitualmente, genera una rara especie de entrenamiento. En breves palabras nos entrenamos constantemente en la práctica del cumplimiento de objetivos, fechas e incluso horarios que suelen ser muy ajustados, pero que nuevamente, “gracias” a nuestro entrenamiento, solemos cumplir con éxito la mayor parte de las ocasiones, sin siquiera saber muy bien como hemos sido capaces de lograrlo.

Ahora bien, todos deseamos que este bombardeo constante de obligaciones cese aunque sea momentáneamente, y sabemos que en algún momento de la semana o incluso del día cesará. Estos “recreos” del bombardeo de obligaciones pueden durar días, como puede ser durante los fines de semana o francos, o incluso horas entre una jornada y la siguiente. Es aquí donde reside la cuestión a tratar, estos espacios temporales que podemos destinar a nosotros mismos, pueden representar un momento de angustia o desorientación para muchos de nosotros, ya que nuestro mencionado entrenamiento permanente se ha especializado y perfeccionado en satisfacer las demandas que nos exige el ambiente, las cuales de más está aclarar, no se corresponden con nuestros deseos.

¿Es normal no saber qué hacer de nuestro tiempo libre? La respuesta es que es una situación muy habitual de la actualidad. Las personas solemos no encontrar como “aprovechar” nuestro tiempo de descanso. Pocas veces el ambiente, los demás y especialmente nosotros mismos nos detenemos a preguntarnos que deseamos hacer. Este “hacer” es una parte esencial de la pregunta, ya que podemos fácilmente señalar que deseamos tener o que objetivos deseamos alcanzar, pero este “hacer”, refiere a un proceso, una actividad, algo que necesariamente debe disfrutarse por el mero hecho de ser realizado e independientemente del resultado obtenido, el cual, no debe confundirse, puede también ser deseado. Un ejemplo es el de aquella persona que disfruta del aeromodelismo. Esta persona disfrutará tanto o más de construir su avión a escala, que de volarlo o tener su avión terminado. Por el contrario, un individuo podría plantear un deseo como ser: “quiero estudiar francés”: Este deseo de la persona, puede que se trate en realidad, de querer saber francés. Es decir, el interés se encuentra en el resultado excluyentemente del proceso. Mientras en el primer ejemplo el sujeto jamás compraría su avión a escala terminado, hecho por otra persona para directamente volarlo, quién desea saber francés (no estudiarlo) de poder hacerlo compraría la habilidad para no tener que transitar el largo proceso de aprendizaje durante varios años.

Mencionados los ejemplos podemos hacernos una segunda pregunta: ¿Qué sucede si no encuentro una actividad que pueda disfrutar en mí tiempo libre? Si esto sucede, debemos realizarnos un simple cuestionario que puede tener preguntas como:

¿Qué disfrutaba hacer cuando era chico y tenía mucho tiempo libre? En caso en que por ejemplo la respuesta fuese que disfrutaba de sus lápices de colores, esa persona debería intentar al menos, pintar con oleos o iniciar un curso de arte.

¿Qué personas encuentro similares a mí, y que disfrutan hacer? Existen ocasiones en las cuales uno se desvía demasiado de sí mismo, perdiendo contacto con sus propios deseos y las actividades que disfrutaba realizar, por lo cual sus amigos y las personas con quienes comparte gustos, pueden darle ideas y ayudarlo a reorientarse y redescubrir antiguas pasiones olvidadas. Dichas actividades pueden realizarse con estas personas, disfrutando también de estar en su compañía.

¿Hay algo que no haya intentado por temor o por no ser el tiempo indicado para hacerlo en el pasado? Muchas veces deseos que en tiempos anteriores debieron ser callados, permanecen allí, aún si la situación no es igual a la de aquel entonces. Retomarlos en la situación actual, puede ser un redescubrimiento más que interesante y enriquecedor.

Por todo ello, volviendo a la pregunta inicial que dispara este artículo, lo que debe “hacerse” con el tiempo de ocio, es generar un espacio donde cada uno realice una actividad que desea realizar, sin la intención de que sea “productiva” o “conveniente”, ya que nada será más productivo o conveniente para nosotros, que “hacer” del tiempo de ocio, un momento de “hacer” cualquier cosa, excepto lo que podría erróneamente parecernos productivo o provechoso. Por ello debe siempre recordarse que, hay que hacer lo que nos gusta hacer, por el hecho en sí de realizar dicha actividad, independientemente del resultado que se obtenga. Teniendo esta premisa en mente, nos será mucho más fácil disfrutar nuestros momentos de ocio, y por añadidura, aliviar nuestros momentos de productividad, ya que generaremos dos entrenamientos, el de cumplir con las responsabilidades o exigencias del ambiente, pero también, cumplir con nuestros paradójicamente olvidados y relegados deseos.

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