Lo ideal es enemigo de lo posible

¿Esperar el momento óptimo?

POR RODRIGO SANCHEZ PAZ

Por Rodrigo Sanchez Paz

Todos alguna vez retrasamos decisiones esperando un mejor momento o creemos estar varados sin saber cómo seguir adelante con nuestros proyectos.

Cada uno de nosotros como seres sociales, tenemos un rol dentro de nuestro contexto. Esto es por sí mismo una de las características que definen al ser humano, aunque paradójicamente no necesariamente lo diferencia del resto de las especies. Un aspecto que si logra diferenciarnos, es la capacidad de trascendernos a nosotros mismos, de lograr realizar actos, objetos, enseñanzas que nos permitan existir más allá de nuestra propia vida corpórea.

Un ejemplo simple y claro, lo tenemos cada vez que abrimos un libro o vemos una obra de arte de cualquier artista. En ese momento estaremos conectándonos con una persona que posiblemente ya no este entre nosotros, pero de igual manera podemos incorporar sus enseñanzas o su peculiar visión de la vida.

Esta capacidad única del ser humano, es sin más, la máxima aspiración que podemos ostentar. Desde la visión popular, el deseo de trascender ha estado siempre en el imaginario colectivo, ya sea con los cuentos de Highlander o con los numerosos cuentos acerca de la fuente de la juventud y vida eterna, claro está, de una manera más gráfica y literal de la que realmente podemos aspirar como mortales. La vida eterna es un deseo popular y sólo puede ser alcanzada a través de nuestra trascendencia. La psicologia existencial , ha aportado grandes escritos relacionados a la trascendencia como capacidad que debe ser explotada en cada ser humano, especialmente podemos encontrar como uno de los más importantes e influyentes aportes, el conocido libro de Viktor E. Frankl, “El hombre en búsqueda del sentido”, en el cual expone como ha transformado su difícil experiencia dentro de un campo de concentración durante la segunda guerra mundial, en una inagotable fuente de inspiración y energía para trascenderse a sí mismo. Tomando como punto de partida esta descripción del ser humano y sus inquietudes, enfoquémonos en el proceso que puede permitirnos lograr esta trascendencia. Como es de saber, los grandes objetivos requieren de cumplir múltiples objetivos más pequeños a lo largo del tiempo, por ello, asumimos que para lograr nuestro objetivo último será necesario un esfuerzo constante y persistente cada de día de nuestras vidas.

Lo pequeño lleva a lo grande Supongamos que una persona tiene el deseo firme y consistente de ser un cantante exitoso. Debe primero tener un buen entendimiento de la lengua, de la música, estudiar canto, conocer su potencial de voz, entrenar la respiración, etc. Luego deberá aprender a enfrentar al público, la organización de los eventos, conseguir alguien que crea en su talento, etc. A medida que esa persona se acerque a su objetivo deberá resolver problemas más difíciles, recibiendo en contraparte, satisfacciones cada vez mayores. Reconocemos el alto grado de dedicación que esta persona deberá invertir en conseguir su objetivo. Ahora bien, justamente es este proceso de objetivos parciales y constantes el que exige al máximo nuestra voluntad y es por ello que día tras día dependerá sólo de nosotros continuar con esta difícil y constante tarea que implica andar el camino hacia nuestros anhelos. Mantener esta tarea en pié, se ve a prueba constantemente en situaciones que pueden ser extremadamente pequeñas. No desestimar estas pruebas por más pequeñas que sean requiere de firmeza. Paradójicamente resulta muy simple desviarnos del camino que queremos recorrer.

Esfuerzo extra Tomando como puntapié inicial lo que hemos planteado hasta este punto podemos enfocarnos en descubrir en qué sentido “lo ideal es enemigo de lo posible”. Levantarse más temprano para lograr practicar más tiempo algún instrumento, sentarnos exclusivamente a pensar en cómo mejorar nuestro negocio, arriesgarse a hacer nuevas inversiones, esforzarnos en contactar gente que pueda ayudarnos, dedicar más tiempo al estudio, preocuparnos por nuestra salud, etc. son actividades nos exigen un extra de voluntad. De todas maneras, lograremos a cambio un incremento positivo de los resultados, esta mecánica simple y todos la conocemos. Si entendemos esto, ¿Por qué se nos hace tan difícil seguir el camino de lo llanamente obvio para conseguir lo que anhelamos? Sabemos bien que es muy fácil encontrar excusas ante las situaciones donde debemos exigir un poco más de nosotros mismos:

“…Me gustaría poder levantarme más temprano a practicar pero no haría tiempo a descansar apropiadamente, me sentiría todo el día cansado…”.

“…En este momento de la economía no es recomendable realizar inversiones, tal vez lo haga luego de las elecciones presidenciales…”.

“…Para entrevistarme con el gerente de esa empresa primero debería cambiar mi look y conseguir ropa mejor, cuando tenga dinero me compraré un buen traje e iré…”.

“…Esta dieta que me dio el nutricionista me va a terminar haciendo más mal que bien, bajé unos kilos pero me siento todo el día con hambre y como cosas feas, eso no puede ser bueno tampoco, hoy me merezco un permiso…”. Desde el punto de vista lógico estas excusas pueden ser razonables, el punto de inflexión aquí es que se están planteando “problemas”. Estos “problemas” hacen que la situación no sea la mejor para llevar adelante una determinada decisión. La capacidad natural de gran parte de las personas para detectar estos “problemas” esta intrínsecamente relacionada a una comodidad, la cual no implica otra cosa más que sostener lo conocido, es decir aferrarse a una sensación de seguridad. Deberíamos romper el molde de lo ya experimentado y aventurarnos a enfrentar el cambio. Esta aventura conlleva un evidente esfuerzo, el cual debemos asumir como parte del proceso del progreso.

¿Problemas? ¿Existe en la vida humana algún momento en el cual no nos atraviese ningún problema de ninguna índole? Para responder esto, tomaremos como “problemas” cualquiera de los ejemplos anteriores. Si consideramos un “problema” cualquiera de estos posibles escenarios, la realidad es que nunca podremos encontrarnos completamente liberados de ellos. Desde este punto de partida, pretender contar con un escenario “ideal” para poder avanzar en nuestros proyectos, nos impedirá lograr progreso alguno.

Es necesario entender que no existe un momento libre de “problemas”, salvo claro está, que tengamos una manera diferente de catalogar los escenarios de la vida, en la cual situaciones como las citadas anteriormente, no sean incluidas dentro de la categoría “problemas”. Si contamos con esta visión ya sea de manera espontánea, o por proponernos a nosotros mismos sostener esta visión positiva y creadora ante las situaciones que nos abordan, gozaremos de una vida llena de progresos, donde los “problemas” tendrán el nombre de desafíos y disfrutaremos de superar cada uno de ellos.

Quienes queden a la espera de un momento “ideal” difícilmente podrán hacerse cargo de su propio proyecto. Al decir “hacerse cargo”, estamos hablando de nuestra capacidad de crear y en dicha creación generar momentos oportunos para continuar avanzando. Estos momentos incluirán desafíos, los cuales podrían ser tomados como “problemas” por otras personas, pero si sostenemos nuestra capacidad y visión creadora podremos levantar puentes, hacer desvíos y todo tipo de dispositivos en nuestro camino por sobre los desafíos (mal llamados problemas) que se nos pongan en frente, logrando inexorablemente llegar al destino que anhelamos y hemos elegido.

Podemos concluir entonces, que lo “ideal” estará siempre en enemistad con lo posible, pero simplemente para quienes se ocupen de intentar encontrarlo. En la medida en que podamos reconocer la diferencia entre los desafíos y los “problemas” además de entender la relación entre ellos, tendremos siempre en nuestras manos la posibilidad de volver a elegir día tras día lo que hemos elegido. Esta elección, implica sin más, hacer de nosotros alguien trascendente, entendiendo el esfuerzo constante que ello conlleva y sabiendo tomar las oportunidades que cada desafío presenta.

Artículo publicado originalmente en Opinión Sur Jóven