¿Es posible invertir y reducir mi riesgo?

Por Isaac Fainstein

“La economía y las finanzas me aburren”, “no me interesan”, “no entiendo nada de economía”. ¿Quién no escuchó decir estas palabras?

No sería raro que incluso te sientas identificado con ellas. Pero aceptemos la dura realidad: nunca nos podremos escapar. La economía está por todas partes. Pero siendo pragmático, ¿quién no está interesado en su propio devenir, en cuidar lo que uno posee?

Vamos construyendo nuestro patrimonio sobre la base de nuestra energía cotidiana. Al menos así es para la inmensa mayoría de las personas. Es por eso que queremos salvaguardarlo. Es el fruto de nuestro trabajo, y lo que nos permite ir acomodando nuestra vida según nuestros deseos. Más aún, estamos interesados en sacar algún rédito de ese capital: un concepto que se va formando por la cristalización del excedente de nuestra remuneración por el tiempo que dedicamos al trabajo. Y justamente por el esfuerzo que requiere su formación es que directa o indirectamente siempre tendremos algún interés por la economía.

Por eso, para aquellos que se sienten identificados con las primeras citas, lo ideal sería poder reducir al máximo las preocupaciones cotidianas por la preservación y rentabilidad de los ahorros. Pero... ¿cómo? Pues la respuesta parecería ser bastante obvia: no poner todos los huevos en la misma canasta. O en la jerga financiera: diversificar. Se hace ahora importante saber distinguir de qué hablamos cuando hablamos de “huevos” y de “canastas”. Desde el momento en que nacemos tenemos un problema de diversificación. Nosotros mismos somos nuestro más preciado e indivisible capital, somos nuestra propia fuente de supervivencia. De nuestro desarrollo dependerá la posibilidad de lograr un flujo de ingresos durante el resto de nuestras vidas.

Analicemos la siguiente cadena de dependencias: al trabajar para una empresa mis ingresos dependen en gran parte del futuro del negocio de la misma. Si a la compañía le va mal, es posible que pierda mi trabajo... y mi sueldo. Vayamos un poco más allá: el futuro de esta empresa depende de la dinámica del sector industrial en donde se desarrolla. Si dicho sector comienza a perder dinamismo, a la compañía se le presentarán algunos problemas. Y claro, la salud del negocio también depende de la economía general en donde se encuentra radicada, opera y comercializa. Por eso cuanto menos expandida esté dicha compañía en el mundo y cuanto más concentrada se encuentre su actividad en uno o pocos sectores industriales, el desempeño de la misma estará fuertemente ligado a pocas variables: el dinamismo del sector industrial donde trabaja y a la economía del país en donde hace negocios. En otras palabras, la empresa estará menos diversificada en forma sectorial y territorial. Y cuanto más así sea, al final de la historia, menos diversificado estaré yo como trabajador, cuyo devenir fuertemente depende, en definitiva, del de su propia fuente de ingresos! Por transición, al trabajar para una empresa poco diversificada, yo me encontraré menos diversificado. Por eso cuando hablo de huevos, no sólo me refiero a los ahorros que ya poseo, sino los que espero ganar en el futuro. Si yo mismo, como persona, ya poseo un problema insoluble de diversificación, entonces para disminuir mi riesgo debo invertir mis ahorros de forma tal que pueda estar expuesto en activos en los que aún no lo estoy. Si trabajo en una empresa petrolera, entonces invierto mis ahorros en otro sector que no tenga tanta relación con este negocio. Porque si la compañía donde trabajo “se va a la lona” porque el precio del petróleo se derrumba, entonces sucederá lo mismo con mis inversiones personales.

Y cuando hablo de canastas estoy pensando en aquellas que representan distintos sectores económicos y territorios o países. Lo ideal sería poder poner los huevos de forma tal que estén expuestos al riesgo de distintos sectores y de los vaivenes económico-financieros de los distintos países.

Menos diversificación significa más riesgo. Ecuación fundamental en las finanzas. Más riesgo significa más preocupación y stress, al menos para aquellos que somos, con pocas excepciones, adversos al riesgo; aquellos que lo que procuramos es dedicar la menor cantidad de tiempo posible a proteger nuestros ahorros, para poder dedicarnos enteramente a las actividades productivas a las que nos especializamos, o al goce mismo.

Una vez que logré cierto grado de diversificación razonable se hace necesario poder entender que la preocupación debe estar enfocada hacia nuestro patrimonio en su totalidad, y no en su individualidad. Al estar relativamente bien diversificado, uno logra que la desvalorización de ciertas inversiones se vean balanceadas por las subas en el valor de otras. Pensar de esta forma es una tarea difícil y requiere lograr pensar “en frío”. Pero así debe ser porque justamente la diversificación permite que disminuya mi riesgo patrimonial en su totalidad, aunque no así en la individualidad de las distintas inversiones.

A esta altura debería quedar claro que nunca vamos a lograr alcanzar una diversificación perfecta de nuestro patrimonio. Pero de lo que se trata es de poder hacerlo lo mejor que pueda. Muy fácil pues, todo está dicho sobre la diversificación, ¿cuál es el problema entonces? Existen diversos factores psicológicos que no nos permiten guardar los huevos en varias canastas. Generalmente terminamos guardándolos en unas pocas: soy argentino, y por eso creo que conozco mucho más los vaivenes de nuestro país que cualquier otra persona del resto del mundo y que los riesgos de otros países. Así es como tendemos a pensar, ¿no? Esto hace que nuestra diversificación sea pobre, al menos en forma territorial, lo que no es poco. Tenemos todo nuestro patrimonio en el mercado local. Si hay un problema acá, nuestras inversiones se verán directamente afectadas.

La realidad es que por más que conozcamos relativamente más un país que otro, nunca podremos anticipar perfectamente las crisis. Por eso lo mejor sería tener muchas “canastitas” guardadas. Si eso se encuentra en nuestras posibilidades, sería una forma de disminuir nuestro riesgo.

Otro ejemplo que nos impide diversificar por factores psicológicos: supongamos que nos animamos a invertir algo en el mercado bursátil. Entonces, ¿qué mejor que invertir en la empresa en donde trabajo, que cotiza y que tanto conozco? Cuidado con esto... no olvidemos que ya tenemos una cuota lo suficientemente grande de exposición en ella. Nuestros ingresos futuros dependen de cuán bien le irá. Y si tiene algún problema, no sólo corre riesgo nuestra capacidad de ganar un sueldo trabajando en ella sino también el valor de las acciones que poseo, que se verán negativamente afectadas.

Otra cuestión que también debería quedar clara es la siguiente: suponiendo que uno pudiese diversificar perfectamente sus ahorros, siempre estaré expuesto al riesgo sistemático. Este es el riesgo que no puede disminuirse con la diversificación, y que está relacionado al riesgo que existe a nivel global. Ante una crisis mundial, inevitablemente la gran mayoría de los activos se van a desvalorizar. Y como mis inversiones no se encuentran más lejos que en este planeta, no tengo forma de escapar.

Más allá de las limitaciones que se nos impongan en el camino (nuestro tamaño patrimonial o la situación coyuntural que nos toque vivir) las alternativas de inversión en el mundo son de lo más variadas: inmuebles, commodities, monedas, metales, arte, acciones, bonos, participaciones en empresas no cotizantes, etc. Estar expuesto a varias de estas alternativas nos permite mejorar nuestro grado de diversificación.

Para ir cerrando, otra frase popular que mucho tiene de cierto: “quien no arriesga no gana”. Siempre que realizamos una inversión, esperamos cierto nivel de riesgo y de retorno. Y cuanto más arriesgamos, más esperamos ganar. Sino no tiene sentido arriesgar más. Alguno dirá: ¿y si no quiero arriesgar nada, y así me quedo tranquilo? Lamentablemente no existe el riesgo cero. Siempre arriesgamos al menos un poco. Aún si guardamos el dinero bajo el colchón existe el riesgo latente de que suceda un siniestro en nuestra vivienda. Riesgo es una cuestión de grado. Por eso, si queremos dormir tranquilos, lo mejor que podemos hacer es diversificar lo mejor posible nuestra cartera, nuestros ahorros, para que, al menos, sepamos que hicimos lo mejor que pudimos.

Artículo publicado por Opinion Sur Joven, noviembre 2012.

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