Barajar y dar de nuevo

El balance de fin de año

Nota publicada en Revista Funcionarios, Diciembre de 2011

Afrontarlo puede ser una carga. Cómo conseguir un análisis sincero y productivo. Los consejos de los especialistas.

Por Magalí Sztejn

Las cartas ya están echadas. Podríamos haber corrido mejor suerte, las cosas podrían haber resultado de un modo diferente, aún quedan ciertos proyectos por cumplir, pero ya no hay mucho que se pueda cambiar en los días que quedan para que termine el año. Sin embargo, volvemos a mirar para atrás y es inevitable, para algunos más para otros menos, evaluar aquello que se alcanzó y las cuentas que quedaron pendientes. Como el alumno frente a su docente, nos corren los minutos para completar la prueba y entregárnosla a nosotros mismos, para entender lo que pasó y proyectar lo que viene.

Análisis introspectivo

¿Qué cambia el primer día de año nuevo? ¿El balance de fin de año suma o resta? Para algunos se trata de una tradición y para otros es un elemento que acrecienta al caos de diciembre, que se suma al cansancio acumulado, a las compras de navidad y a la necesidad de programar las fiestas. Entre medio se encuentran los que prefieren ser y estar, dejando que la vida los sorprenda. "Los seres humanos nos movemos a partir de ciclos. Es esperable que acercándose el fin de año la gente se plantee qué cosas hizo hasta acá y qué cosas le gustaría para el próximo año”, analiza el psicólogo Alejandro Urman.

Así, todos los aspectos de la vida suelen ponerse bajo la lupa, mientras la balanza asume el peso y se acomoda: de un lado lo positivo y del otro lo negativo, por acá lo que se consiguió y por allá lo que falta, la mirada melancólica o la posibilidad de empezar a escribir la flamante página en blanco.

La psicóloga social Silvana Rubellin entiende que estás fechas están teñidas por los mandatos: “Los deseos para el año que se inicia, la alegría forzada, los encuentros con familiares a los que casi nunca vemos, las presiones familiares (que te cases, que puedas quedar embarazada, que consigas pareja). Y esa sensación de apuro, de que hay que terminar (lo que sea), antes de que suene la sirena. Puede ser que sea esto lo que a algunas personas les produce angustia, muchas cosas que uno hace porque hay que hacerlas y no por elección”. Del mismo modo, la psicóloga Gisela Holc cuenta que “es muy frecuente que al cansancio se le sume la culpa y la autocrítica severa por lo que no se pudo alcanzar”. Por eso, la mejor manera de llevar a cabo ese balance quizás sea a partir de la idea de un nuevo comienzo y no de un final inevitable.

Los sí y los no del balance

La mirada que juzga, que condena y que conlleva al sufrimiento es aquella que se debería evitar. Poder ver tanto los errores como los aciertos, con cierto criterio de realidad, para que la mirada sea constructiva resulta fundamental. “Evaluar logros y fracasos –manifiesta Urman- es algo que ayuda a mantener focalizadas nuestras metas, que muchas veces se ven desviadas por las ocupaciones cotidianas”. Por eso, destaca que “es importante evaluar cómo uno empezó el año y cómo lo termina, qué cosas y personas nos acompañaban al principio del ciclo, cuáles siguen estando y cuáles no. Es primordial soltar lo que se perdió y poder visualizar lo que se quiere para el próximo ciclo”.

El “bajón de fin de año” adquiere otro color cuando la culpa se deja a un lado. Con nuevos proyectos y con las energías puestas en aquello que todavía no sucedió, el nuevo año toma otro color. Según Nora Chimirri, psicóloga especialista en terapias transpersonales y directora del Centro de Terapias Al Uno, “la tendencia a la crítica es muy fuerte en los argentinos, se juzga todo lo que no se consiguió y, muchas veces, se olvidan los logros”. De modo que, “es muy importante – sintetiza- el sentido de justicia con uno mismo, lo que permite mirar la realidad con mayor objetividad y equilibrio, permitiendo llegar a un balance auténtico y útil para pensar en el futuro”.

El espacio de trabajo no estaría exento del stress de fin de año y la culminación del ciclo anual influye en el desarrollo de las actividades, mientras los trabajadores se manifiestan cansados y con ansiedad frente a los que no pudieron alcanzar en ese terreno. Por eso los expertos en equipos laborales sugieren generar acciones para incentivar el diálogo con los jefes y la integración. También sería conveniente hacer un balance anual para identificar objetivos, expectativas e intereses.

Consejos y ejercicios

Para pensar el futuro y volver a encontrarse con uno mismo, los especialistas aconsejan distintas técnicas que permiten proyectar con mayor tranquilidad y a conciencia. Mientras se respira un aire de renovación, no hay que olvidar que también se pueden afianzar lo logros, continuar con el trabajo que se viene realizando. Así mismo, es recomendable apostar a un proyecto sensato con objetivos claros, acordes con nuestra biografía y realidad, y es necesario tener tolerancia a los errores cometidos.

En tanto, Urman propone un ejercicio simple: “Mi consejo es tomarse un rato libre de distracciones y anotar en una hoja con diferentes cuadrantes qué cosas no tengo más, qué personas no están más, qué fui, qué tengo y soy, qué cosas quiero para el futuro y con qué personas quiero estar rodeado. Este ejercicio, aunque simple, es muy importante”. Luchar con el cansancio y la frustración, volver a encontrarse con el esfuerzo y la perseverancia será, entonces, fundamental para poder poner más adelante manos a la obra.

“Evitar las excusas o justificaciones que nos hacen sufrir de antemano y ponen obstáculos en el camino” es la propuesta de Chimirri. A la hora de hacer proyecciones entiende que se deberían contemplar los aspectos físico, mental, energético y espiritual. “Se pueden armar carteles con los objetivos y esconderlos en lugares que nos puedan sorprender al encontrarlos, como una solapa de la billetera que no se usa mucho, el botiquín o una caja de zapatos”, sugiere.

Por su parte, Rubellin aconseja relajarse, quitarle a esta época la carga emotiva y recordar a los que no están con amor y alegría. “Aprovechemos ese momento para demostrar cuánto queremos a los que queremos y que están cerca nuestro; tomemos en cuenta que termina un año, no termina la vida y, al otro día todo sigue igual”. Inclusive se anima a ir un poco más allá y plantea: “O no hacemos balance y no nos proponemos ningún cambio. Dejemos esto para las empresas. Las personas tenemos muchos momentos de reflexión, que no siempre coinciden con el fin de año”. Mientras las nuevas cartas del mazo se acomodan en la mano y los doce meses del nuevo año comienzan a abrir sus páginas, esperando a ser escritas.