Habrá más pena y olvido

Duelos y Perdidas a lo largo de la vida

POR MELINA KNOBEL Y ALEJANDRO URMAN

A partir de trabajar en sesión el tema del duelo por la pérdida de un ser querido con paciente Aida compartimos este articulo.

Comúnmente asociados a la muerte, los duelos se hacen presentes muchas veces a lo largo de la vida: desde la pérdida de un ser querido, hasta dejar la secundaria, mudarse, cambiar de trabajo, terminar una relación de pareja…La siguiente nota cuenta cómo afrontarlo y superarlo, y cómo acompañar a las personas que se encuentran en ese momento de transición.

“Dicen que el tiempo cura, pero sólo en teoría”. Rafaela Carrá

Pablo (de 17 años) acaba de terminar el secundario y decidió seguir ingeniería. Está muy contento por todo esto pero por momentos se siente raro y a veces triste. Mariela (23) terminó una relación con su novio, la historia no daba para más. Los primeros días lloraba desconsoladamente (hasta se le hincharon los párpados). Después se sintió más aliviada, retomó el gimnasio y se tiñó el pelo de un color diferente. A Miguel (20) lo despidieron de su trabajo de cadete. Estaba muy enojado con su ex-jefe pero extraña mucho su rutina diaria y a sus compañeros. Al poco tiempo encontría un trabajo nuevo. ¿Qué tienen en común estas tres viñetas? Pablo, Mariela y Martín están pasando o pasaron por un proceso de duelo… lo tres “perdieron” o cedieron algo.

De qué hablamos cuando hablamos de duelo…. La palabra “duelo” tiene por lo menos dos significados: por un lado designa un tipo formal de combate o lucha; y por el otro, es el proceso por el cual atraviesa un ser humano tras la pérdida de un “objeto”. Entendiendo al objeto no sólo como una cosa sino también como una persona, idea o ideal.

Según la Real Academia Española (RAE), la etimología de la palabra “duelo” proviene del latín: dŏlus, por dolor. El dolor es el principal sentimiento asociado a este proceso, y con éste, la lástima y la aflicción. Por lo general, asociamos el proceso del duelo con la muerte de un ser querido; así también lo describe la RAE: “Demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la muerte de alguien; reunión de parientes, amigos o invitados que asisten a la casa mortuoria, a la conducción del cadáver al cementerio o a los funerales”. Si bien es cierto que luego de la muerte de un ser querido atravesamos un proceso de duelo, no es la única causa.

De ganancias y pérdidas A lo largo de la vida, todos los seres humanos -a la vez que crecemos y evolucionamos- atravesamos momentos de pérdida. Ganar y perder son dos aspectos inherentes a la vida. Podemos afirmar que desde el nacimiento somos acreedores de nuevos hábitos, conocimientos y también, nuevos afectos. Lamentablemente -o afortunadamente- no todo es ganancia. También desde el nacimiento sufrimos diversas pérdidas…

En este artículo nos referimos al duelo haciendo alusión a la pérdida. No es cualquier pérdida, sino la de un “objeto amado”. ¿A qué llamamos objeto amado? Todo aquello que fue o es, de alguna manera, muy significativo para nosotros. Un objeto amado puede representar tanto a una persona -un ser querido- o algo intangible -un momento de la vida-. El padre del psicoanálisis Sigmund Freud define al duelo como: “La reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción equivalente”.

El duelo como reacción El duelo es el proceso que surge ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo. Es una reacción por la que todos los seres humanos atravesamos varias veces a lo largo de nuestras vidas. Cuando el vínculo afectivo se rompe, surge el dolor y otros sentimientos asociados. Principalmente se trata de una reacción emocional y comportamental relacionada íntimamente con el sufrimiento y la aflicción; sin embargo, también conlleva correlatos fisiológicos y sociales. Por lo general, la duración e intensidad de este proceso sería proporcional a la dimensión y significado de la pérdida.

¿Cuáles son aquellas pérdidas que nos llevan a enfrentar un proceso de duelo?: Hay dos grandes grupos de pérdidas. Por un lado, aquellas que son accidentales; es decir que pueden o no ocurrir. A veces son inesperadas, ya que pueden acontecer en cualquier momento de la vida de una persona. Por ejemplo, un despido sorpresivo o un accidente que nos quita a un ser querido.

Por otro lado están aquellas que son inherentes al proceso evolutivo, y que suelen darse en algún momento particular del desarrollo: concluir la secundaria, irse de la casa de los padres, terminar una relación de pareja, una mudanza, un cambio de trabajo… son momentos de la vida que llevan a las personas a tener que aceptar que algo se perdió y que, seguramente, ya no va a estar más en sus vidas. Luego quedarán lugares vacíos, que en el mejor de los casos serán “colmados” con el tiempo; sin olvidarnos de lo que tuvimos anteriormente, pero restándole el dolor que nos produjo la pérdida.

Tres pasos para superar el duelo El duelo es la reacción frente a la pérdida de un objeto significativo. Si bien durante el proceso se observan algunas desviaciones de la conducta y el estado de ánimo de las personas, ésta es una respuesta normal de todos los individuos. Luego de un determinado tiempo aminorarán sus manifestaciones y la pérdida será superada; por tal motivo no se aconseja que el duelo sea perturbado, sino que debe seguir su cauce.

Para que quede claro el momento del duelo se puede dividir en tres etapas:

El primer momento es el de la pérdida. El objeto ya no está más entre nosotros; dejó de existir. Por eso, se hace necesario quitar la energía y parte del afecto que había sido depositado en él. No es algo fácil ni voluntario, porque involucra procesos que están por fuera de la conciencia. Es común escuchar frases como: “Lo único que quiero es sacarme a Juan de la cabeza pero no puedo…”. Es decir, que si bien una parte del yo reconoce que el objeto se ha perdido, otra parte mantiene la ilusión de la presencia. Por eso, este proceso no puede cumplirse enseguida, sino que se ejecuta “pieza por pieza”, como sostiene S. Freud en su libro Duelo y Melancolía. Conlleva un gran gasto de tiempo y energía, al tiempo que se conserva la existencia del objeto perdido en lo psíquico.

Segunda etapa: ¿Qué es lo que observamos en una persona que se encuentra atravesando un proceso de duelo? Por lo general, se podría decir que el trabajo de duelo “absorbe al yo”. La persona pierde el interés y se encuentra más inhibido. Cotidianamente podríamos decir: “No tiene ganas de nada” o “está en otra”. Y algo de eso sucede porque realmente la persona esta en “otro lado”, haciendo un gran trabajo. El mundo ha perdido interés, se encuentra pobre y vacío. O como decía Borges “El mundo ha perdido su magia”. Los recuerdos y las representaciones vividas junto al objeto afloran en este momento, junto con la nostalgia y el anhelo por lo que ya no está.. En este momento la persona necesita el acompañamiento de familia y amigos; especialmente cuando se pone muy “pesado” repitiendo siempre lo mismo, idealizando a la persona o cosa que perdió.

El último paso es el proceso de desasimiento propiamente dicho, aquel a ejecutar “pieza por pieza”. El lazo que existía con el objeto se había ido constituyendo a través de sucesivas inscripciones y sucesivos vínculos que el sujeto fue experimentando con el tiempo. De la misma manera la “des-vinculación” del objeto se irá ejecutando de manera gradual.

Una vez que el proceso de duelo ha sido superado, las personas disponen otra vez de esa “energía” que habían depositado en el objeto perdido. Esta energía libre podrá ser reutilizada para emprender proyectos nuevos y seguir constituyendo nuevos lazos.

Como vemos el proceso de duelo es por momentos difícil y engorroso. Sin embargo, es necesario y hay que atravesarlo.

¿Y si no me comprometo con nada es más fácil? Frecuentemente imaginamos y fantaseamos que si no nos comprometemos afectivamente con nada, no sufriremos en caso de que algo se pierda. Contrariamente pensamos que si nunca nos desprendemos de nada y acumulamos todo lo que tenemos, tampoco tendríamos que afrontar el dolor de dejarlo y perderlo. Cuántas veces acumulamos cosas que sabemos que nunca volveremos a utilizar; sin embargo tememos necesitarlas en un futuro y que ya no estén… Otra de las maneras de evitar enfrentarse con la pérdida es justamente negar que algo ya no existe. Se podría decir que se posterga el duelo, pero no se consigue evitarlo [1].

Todo concluye al fin… “Si no me puedo separar de aquello que hoy no está, no podré encontrarme libre para vincularme con lo que en este momento sí está aquí conmigo…” J. B.

El duelo es un proceso normal, por el cual atravesamos todos los seres humanos ante distintas situaciones de la vida. La muerte de un ser querido, una separación, una mudanza de casa o de país.

Es importante destacar que cada persona atravesará sus duelos de manera distinta. Por lo general su intensidad y duración tendrá que ver con importancia que se le había atribuido al objeto perdido. Es imposible establecer una regla general para los duelos, pero se estima que duran entre seis meses y un año.

A lo largo del artículo nos hemos referido a la “normalidad”. En caso de que un duelo se prolongue mucho más allá del tiempo estimado -o si las manifestaciones son exageradas en relación a la pérdida sufrida- será necesaria una consulta clínica, porque se podría estar en presencia de algún cuadro patológico.

Es primordial que el proceso de duelo no sea perturbado, sino acompañado. Acompañar una persona que sufrió alguna pérdida, es interesarnos por que le pasa, y -sin hacer un culto a la tristeza- permitirle no estar radiante por un tiempo.

Esto es algo que a veces cuesta mucho porque vivimos en un mundo de objetos y personas descartables; aprendemos que la vida es muy corta y que no hay que lamentarse mucho por nada. La inmediatez está a la orden del día. Sin embargo nuestra psique puede rebelarse contra esto y necesitar algún momento de introspección, de tristeza, de reflexión. Si todo esto se cumple, la persona habrá pasado una crisis, dispuesta a seguir con entusiasmo el curso de su vida.

[1] Ver Jorge Bucay. “Cartas para Claudia”

Este artículo fue desarrollado gracias al apoyo del Programa Avancemos de Ashoka e Hillel Argentina

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Articulo publicado origalmente en Opinión Sur Jóven