Cuando el amor duele

¿Por qué nos pasa?

Por Patricia Méndez Torterolo y Alejandro Urman

Brenda cancela sus planes, cada vez que su pareja la llama y así puede salir con él. Está siempre disponible para su encuentro.

Laura deja de hacer sus talleres de pintura y de ver a sus amigas porque a Marcos, su novio, no le gustan.

Marisol está hace meses en una relación con un hombre casado y con hijos.

Sara se esfuerza una y mil veces por complacer a su novio, está atenta a cada uno de sus pedidos, a cada detalle. Pero a él, no parece alcanzarle.

Luciana deja pasar en reiteradas ocasiones la irritabilidad, mal humor e indiferencia de su pareja, convencida de que ella lo ayudará a cambiar.

Amar(te) duele

Para ellas el amor duele. Amar significa sufrir, significa abnegación. En sus relaciones parecieran estar más en contacto con su fantasía, que con la realidad de su situación. Temen ser abandonadas, no ser queridas. El rechazo es vivido como intolerable. Tienden a medir su amor hacia sus parejas, por la profundidad de su sufrimiento. Realizan enormes y desmedidos esfuerzos por complacer al otro en búsqueda de una aprobación, arriesgando en esta misión su bienestar e incluso en algunos casos su integridad. No les resulta fácil discernir las conductas buenas de las inapropiadas de sus parejas. Hay una máxima conocida en el mundo del marketing que dice: “la gente hambrienta compra de más en el supermercado” Las personas “hambrientas” de necesidad de aprobación y de amor, puede generalmente entablar “pagar de más” en su s vínculos con otros.

En Argentina y en muchos países de América latina, aparece esta cultura de amor ligada al sufrimiento, sobretodo en la mujer. Se escucha en canciones, en cuentos románticos, historias de hadas, príncipes y princesas. Muchas veces en el consultorio nos encontramos con pacientes que al elegir sus parejas sufren, sienten que deben relegar sus necesidades personales. Recrean relaciones infelices en el intento de dominarlas. Este tipo de mujeres recrean relaciones donde predomina un fuerte masoquismo y donde el dolor es lo que las mantiene “vivas”.

Lo que aún no saben es que negar la realidad es negar la responsabilidad de las propias decisiones y de la propia vida y que sufrir o renunciar a la propia realización es un sacrificio tan anacrónico como inútil en las parejas de este principio de siglo. A diferencia de las generaciones anteriores donde la mujer podía mantener la sumisión toda su vida. Las mujeres de esta época no pueden hacerlo, el mandato ha cambiado y una mujer que resigna su vida social, profesional, generalmente no está acorde a sus propios ideales y eso es una manera de sembrar una futura crisis.

¿Estos vínculos son sanos?

No. Entablan vínculos de dependencia emocional. Son personas con baja autoestima, que de algún modo han aprendido a estar más atentos a las necesidades de los otros que a las de ellos mismos. Temen ser abandonados y no queridos. Les resulta difícil tomar decisiones y hacen cualquier cosa por sostener y “salvar” la relación. Sufren por amor. Sostienen vínculos de dolor, de sufrimiento, negando la realidad, y evitando desesperadamente la soledad.

¿Cómo se evita sufrir por amor?, ¿es posible?

La aceptación es la antitesis de la negación y el control. Es reconocer la realidad tal como es, sin necesidad de modificarla, es necesario para comenzar a sentir paz interior. Ningún camino es posible mientras se espere que otra persona cambie para ser felices. Aceptar la realidad y aceptarse cada uno. Se trata de compartir en la pareja, de respeto, de un vínculo maduro, con un compromiso de ambas partes.

En ocasiones requiere pedir ayuda profesional para trabajar y recuperarse de la dependencia en las relaciones que no son sanas, dejar de querer cambiar, o controlar a sus parejas, y correr el foco hacia sus propias vidas. Permitirse ser ellos mismos, en lugar de tratar de agradar a otra persona.

A lo largo de la vida hay avances y retrocesos, a veces hay puentes que facilitan y otras hay pantanos que atascan. La clave radica en aprender a vivir la vida , una vida sana, plena, satisfactoria, sin depender del permiso del otro. En definitiva en una relación entre dos adultos, el sometimiento, sea autoimpuesto o no, no es una opción con un buen futuro.

Si notas que estás en una relación así donde amar significa sufrir, o te sentís identificad@ con gran parte del texto, escribinos a: consultas@psi21.com.ar

Más info:

“Las mujeres que aman demasiado” de Robin Norwood.

Hombres y mujeres del siglo XXI http://opinionsur.org.ar/joven/Muje...

“El arte de amar” Erich Fromm

“Fragmentos de un discurso amoroso” Roland Barthes

Serie televisiva “Mad men”

Película: “Amarte duele”

Artículo publicado el 01/08/2012 en Opinión Sur Joven