¿Quién no tiene un poco?

Angustia existencial

POR MELINA KNOBEL Y ALEJANDRO URMAN

Cada vez más gente dice estar “angustiada”. ¿En qué consiste ese extraño sentimiento? ¿Por qué el fenómeno se reproduce?. Las libertades del siglo XX, el bienestar material de las clases medias y altas, las crisis de las religiones y la incertidumbre respecto al futuro son algunas de las causas del padecimiento que crece.

A Darío Buenos y a Laura Elizabeth por la inspiración

Gabriela (28 años) se levanta a la mañana en su casa ubicada en un barrio acomodado de Buenos Aires. Tiene un buen pasar, una carrera exitosa, un novio que la quiere y muchas amigas. Tiene trabajo y le acaba de llegar una oferta laboral muy tentadora. Pero hace noches que no para de llorar. No tiene hambre y nada parece satisfacerla. Se siente con un tedio infinito y mucha incertidumbre.

Su novio al verla así, sentencia: “tenés angustia existencial”. Parece que este tema dejó de ser preocuparles exclusivamente a los filósofos o psicólogos, y pasó a ser de interés general… y si no, pregúntele al novio de Gabriela.

¿Pero qué es la angustia existencia? ¿Es algo nuevo? ¿Es un sentimiento general en el ser humano o lo padecen un selecto grupo de personas?

Para tratar de resolver estas cuestiones haremos un breve recorrido de este angustioso y existencial tema, con aportes provenientes del psicoanálisis, la psicología y la filosofía.

¿Qué es la angustia? El término proviene del latín: angustĭa, angostura, dificultad. Hay quienes dicen que el origen del término se refiere a la angostura que se siente en el pecho al padecerlo. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis ubicaba a la angustia específicamente en el plexo solar.

El diccionario de la Real Academia Española la describe como aflicción, congoja, ansiedad. También la define como temor opresivo sin causa precisa, dolor o sufrimiento.

El psicoanálisis le presta mucha atención a esta afección. Jacques Lacan, afamado psicoanalista francés, lo ubica como lo más real en el ser humano. La angustia nos cuestiona, nos incomoda y a veces nos moviliza a buscar alguna solución a nuestro sufrimiento. “La angustia es un efecto de displacer más o menos intenso (…) que se manifiesta a la espera de algo que el sujeto no puede terminar de nombrar. La angustia se traduce en sensaciones físicas, que van de la simple contracción epigástrica a la parálisis total, y frecuentemente esta acompañada de un intenso dolor psíquico”. [1].

La angustia y el psicoanálisis Este tema ha sido y sigue siendo campo de estudio de la psicología y el psicoanálisis. A lo largo de la obra de S. Freud ha variado su conceptualización. En uno de sus textos [2] la define como algo sentido. Dice que es un “estado afectivo” que conlleva un carácter displacentero.

“La angustia es lo que no engaña”, decía Jaques Lacan, para describir que en definitiva la angustia es incurable en la subjetividad, o sea en lo propiamente humano.

Cada época da también sus nombres a la angustia, que aparece por todas partes, hasta el punto que Eric Laurent, un reconocido psicoanalista francés, propone usar el término de Trastorno de Stress Pre-traumático para situar algo de la angustia presente en el mal vivir actual. Otro psicoanalista clásico famoso C. Jung decía que un tercio de los pacientes que lo consultaban, no tenían un padecimiento específico, sino que eran victimas de la “neurosis general de nuestros tiempos”.

La angustia y el existencialismo “(…)Hay gente que te dice que tenés que trabajar, hay gente que te dice tenés que estudiar, hay gente que te dice que tenés un problema existencial(…)” De la canción “Gente que no” del grupo TTM

El tema también es aprendido y estudiado por una corriente filosófica llamada existencialismo, un movimiento filosófico y humanístico europeo, que se popularizó a partir de la crisis social y moral que generaron las grandes guerras europeas del siglo XX. En medio de los estragos y dramas socio-filosóficos esta corriente discute y propone soluciones a los problemas más inherentes a la condición humana, como el absurdo de vivir, la significancia e insignificancia del ser, el dilema de la guerra, el eterno tema del tiempo, la libertad -física o metafísica- la relación Dios-hombre, el ateísmo, la naturaleza del hombre, entre otros…

El existencialismo busca revelar lo que rodea al ser humano, haciendo una descripción minuciosa del medio material y abstracto en el que se desenvuelve el individuo, para que éste obtenga una comprensión propia y pueda dar sentido o encontraruna justificación a su existencia.

La angustia como sentimiento está íntimamente relacionada con lo que le ocurre al hombre. El sentido y la justificación de la existencia del hombre son cuestiones que rodean a la humanidad; y si bien hay distintas respuestas a ese sentido, nadie tiene una que sea la verdadera. Esta incertidumbre y la falta de respuesta única, muchas veces, provocan angustia.

Angustia Existencial

Si bien es un sentimiento muy antiguo, habría que destacar que sus causas y manifestaciones varían según las épocas. Vivimos en un mundo que cambia cada vez más deprisa, ayudado por los avances tecnológicos, en las comunicaciones, medios de transporte y medicina… Se dificulta hablar de seguridad, sea esta económica, laboral, personal… Ya nadie está seguro de nada.

Nos confrontamos con amplias posibilidades en muchos ámbitos de la vida, lo cual nos obliga a elegir, y a su vez esta capacidad de elección implica la pérdida de lo que no se elige. Y esto produce incertidumbre; hoy en día no tenemos nada asegurado.

Esta libertad de elección y el libre albedrío producen angustia. ¿qué soy? ; "¿soy un proyecto?, ¿soy incertidumbre?; ¿qué soy?".

La comodidad también genera angustia. ¿Suena paradójico, no? Las familias de clase media en adelante lograron un confort sin igual en los últimos años. ¿Por qué eso genera angustia? Freud llamó a este fenómeno taedium vitae, o sea tedio por la vida. [3]). Frente a un mundo de lujos y desenfreno, luego de haber satisfecho los apetitos, el ser humano parece quedar frente a un vacío, una angustia, un sin sabor.

Esto coincide con la estructura paradigmática del deseo: al satisfacerse un deseo, en seguida se añora otra cosa o se produce un déficit entre lo deseado y lo obtenido. Aun satisfaciendo todos, siempre quedaría un resto de insatisfacción

Por otro lado los lazos sociales son cada vez más lábiles lo cual hace que los vínculos puedan quebrarse con más facilidad. Cada vez se crean ocasiones más importantes de angustia.

Sören Kierkegaard (1813-1855) -uno de los filósofos existencialistas que más se ha ocupado de la angustia- solía decir que "La angustia es el precio de la libertad"; veía a la angustia existencial como parte integrante de la vida en libertad..

“¿Qué hacer de nuestras vidas?” La pregunta es cada vez más escuchada en personas adultas y no solamente en los adolescentes, como hace un tiempo.

Colette Soler, afamada psicoanalista francesa, dijo acerca de sus pacientes: “Todo el problema es saber, después, qué es: pero hay algo que no va, sienten un malestar, están mal, no saben... Muchas veces dicen: ‘No sé qué hacer de mí mismo’, qué hacer de su vida, es una pregunta actual, moderna.

En los siglos previos al renacimiento nadie se preguntaba qué hacer de su vida. No era algo que se pudiera formular así. Los hombres tenían un sentido trascendental: todo giraba en torno a la fe, que era la sólida base que los sostenía ante los avatares diarios. Era la esperanza en la vida trascendente lo que los impulsaba a grandes empresas.

Hoy mucha gente consulta porque ven como intimidante el sinsentido de todo; nada hace peso, nada convence… El ser humano tiene que cuestionarse una y otra vez su soledad, su cuidado y su angustia, y se encuentra siempre en el camino de su autodevenir.

El futuro produce angustia, el no saber qué va a pasar, dónde vamos a estar y cómo… Finalmente la angustia existencial se relaciona íntimamente con la temática de la muerte, la fina vida y como consecuencia de ese fin, la separación sensorial con todo lo que la vida ofrece.

Parecería que como buenos hijos de la posmodernidad, de tanto en tanto estamos expuestos a situaciones que podrían generar cierta angustia existencial (angustia por el afecto que sentimos y existencial por cuestionar nuestra existencia) Frente a esto tenemos dos caminos. Uno, como nuestros antepasados, aferrarnos a creencias que nos den certidumbre; el segundo, es intentar transitar de la manera menos espinosa posible, un camino propio sin todas las respuestas dadas de antemano.

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[1] Chemama, Roland (1998) “Diccionario del psicoanálisis Diccionario actual de los significantes, conceptos y matemas del psicoanálisis., Amorrortu Editores

[2] “Inhibición, síntoma y angustia”. Obras completas, tomo XX. Amorrortu Editores.

[3] Lo describe en unos de sus casos de histeria más famosos, denominado “El caso Dora”